09/11/2019

Ramón SOLA
No lo enterraron el 1-O; ¿el 10-N se exhumará?

La campaña ha acabado de delatar lo que ya se intuía: el Gobierno Sánchez ha podido exhumar los restos de Franco (en realidad lo ha inhumado en otro sitio), pero lo que se ha exhumado realmente, lo que ha revivido, se ha desperezado, sacudido la tierra y salido a plena luz del día es el fascismo, ya sea en versión neofranquista española, ultraderecha salviniana, populismo trumpista, o todas juntas a la vez.

Y sí, pudo ser de otra manera, hace bien poco, en este mismo último ciclo electoral. Coincido con quienes en Catalunya dijeron que ese 1 de octubre de 2017 era el auténtico 20 de noviembre de 1975, el día en que Franco iba a pasar a peor vida. No solo le dieron aire los franquistas de nuevo cuño que ordenaron las cargas, también contribuyeron los que desde discursos de izquierda española presentaron el 155 o los encarcelamientos como algo inevitable o los que desde un abertzalismo a la defensiva alentaron a evitar «la fractura social». La hemeroteca de ese día merece una leída.

Que en estos ocho días PP y Cs hayan blanqueado a Vox sin vergüenza y con miedo es solo la punta del iceberg. Antes fue el PSOE quien pasó de la primaveral oferta de diálogo en Catalunya a este «yo traeré a Puigdemont» que augura un largo invierno represivo. Y antes fue el PNV quien saltó del derecho a decidir a la trinchera previa del autogobierno de quita y pon. El centro de gravedad, auténtica gravedad, ha ido moviéndose a la derecha desde entonces de modo imparable, siempre con Catalunya como coartada.

No lo enterraron el 1-O y ahora solo queda cruzar los dedos, además de ir a votar, para que no acabe de resucitar el 10N en Madrid. Ojalá no pase, cierto. Entonces el lunes se quedará muy bien día para para empezar a sellar definitivamente ese ataúd siempre semiabierto. En Euskal Herria y Catalunya no faltarán clavos, ni manos. Nunca han faltado.