Amaia U. LASAGABASTER
CAMP NOU

Messi vuelve a ensañarse

El argentino, que firmó un póker, sentenció en el primer tiempo. El Eibar mejoró tras el descanso pero se encontró con otros dos goles.

BARCELONA 5

EIBAR 0


Messi no hay más que uno... y me tenía que tocar a mi, pensarán en el Eibar. No hay un jugador que haya castigado más a los armeros desde que llegaron a Primera ni, probablemente, en toda su historia. 19 goles les ha marcado en las once ocasiones en que se han enfrentado –en el único partido que se perdió en estas seis temporadas, Luis Suárez tomó su testigo y firmó un hat-trick–. De penalti, de cabeza, de falta, en jugada personal o colectiva, de todo ha probado y de todo le ha salido al argentino, que sólo una vez, hace justo dos años, ha acabado sin mojar frente al Eibar. Aunque tampoco se fue exactamente de vacío porque firmó las dos asistencias de aque triunfo culé.

Tres dobletes, un póker... y ayer otro más. Curiosamente, tras una de las sequías más prolongadas de Messi, que no había podido marcar en las cuatro últimas jornadas. Pero no hay nada como ponerle el escudo del Eibar delante. Ni un Miura se siente tan atraído por un pañuelico rojo.

Y un Messi entonado se basta y se sobra para completar el análisis de un partido. También el de ayer, en el que el Eibar hizo buenas cosas. Las suficientes como para no llegar con tres goles de desventaja al descanso. También cometió algún error, sobre todo por falta de contundencia, imperdonable ante un rival así. Pero para cuando llegó la flojera, el Barcelona ya marchaba por delante en el marcador.

Tres cambios

Los azulgranas saltaron al campo con tres novedades. Forzosa en defensa por la lesión de Bigas. Finalmente, José Luis Mendilibar decidió recolocar a Arbilla en el centro de la defensa y recuperar a Tejero para el lateral derecho. En el centro del campo regresó Escalante para disputar sus primeros minutos de 2020 en detrimento de Cristóforo. Y en ataque fue Inui el que recuperó plaza, desplazando a Orellana a la derecha y a Pedro León al banquillo.

Un Eibar reconocible, en cualquier caso, como también lo fue su puesta en escena. Apretando arriba y mirando a la portería rival. Hasta el punto de que en el primer minuto Ter Stegen ya había tenido que estirarse y, más aún, en el cuatro veía cómo le marcaban un gol. Un gran centro de Cote y un testarazo de Enrich que no valió por ajustado fuera de juego.

Dmitrovic, por el contrario, no tocó su primer balón hasta el minuto veinte. Claro que para entonces ya había encajado el primer gol. Al Barcelona, o mejor dicho a Messi, le bastaron dos intentos. En el primero estuvieron finos los defensas eibarreses. En el segundo no hubo quien le parase. Y eso que entró en el área por el mismísimo medio y con Diop pegado como una lapa a su camiseta.

Llegaron los peores minutos del Eibar –pese a un par de escarceos ante la meta local– , que debió ver lo que se le venía encima. Fue como la profecía que se cumple a sí misma: la desazón de los armeros afiló el colmillo de Messi, que con otros dos mordiscos sentenció el partido. Lo que no pudieron hacer Griezmann ni Vidal, bien por su propio desacierto, bien por el acierto rival, lo consiguió la estrella culé. En el 37 volvió a encontrar hueco donde no lo había para colcarse entre Expósito, Burgos y Arbilla y marcar de disparo cruzado. Y sólo tres minutos después, aprovechó un error de Cote –y otro de Griezmann, al que se la robó Tejero dentro del área con la mala suerte de que el balón cayó a los pies de Messi– para anotar el 3-0.

Todavía pudo ser peor porque al filo del descanso Dmitrovic derribó a Griezmann fuera del área. Por suerte el asistente vio el fuera de juego del francés, en un partido en el que el colegiado, que tuvo problemas de comunicación con el VAR –motivo por el que comenzó con siete minutos de retraso–, tuvo que hilar fino en unas cuantas ocasiones. Hasta el punto de que anuló cuatro goles. Y en todos acertó sin ayuda del vídeo.

Mejoría sin premio

Pese a la certeza de que no había manera de levantar aquello, el Eibar regresó de vestuarios con ganas de dejarse ver y marcharse, al menos, con un marcador más amable.

No le faltó demasiado. Recién cumplida la hora de juego, a Ter Stegen le tocaba lucirse para despejar una falta muy bien botada por Cote desde el borde del área y volvía a intervenir de inmediato para atajar un remate de Inui. El Eibar apretaba y sólo dos minutos después, el guardameta alemán despejaba un remate a bocajarro de Enrich para que Arbilla marcara sobre la línea. Pero tampoco este gol valió, por juego peligroso.

También el Barcelona se quedó con las ganas en dos ocasiones: sendos fueras de juego evitaron que los goles de Umtiti y Vidal subieran al marcador.

Pero ya estaba allí Messi para arreglarlo. En el 87, Braithwaite, que acababa de entrar para debutar con el Barcelona, asistió el cuarto del argentino. Y sólo dos minutos después, con el Eibar ya abandonado a su suerte, repetía Braithwaite, esta vez para que Arthur se ganara un huequito en la ficha junto a Messi.

Un resultado sin «discusión», admite José Luis Mendilibar

Salvo alguna excepción impensable, no hace falta ver un partido para saber que, con un marcador de 5-0, pocos «peros» se pueden poner. No lo hizo José Luis Mendilibar, que admitió que el resultado del Camp Nou no tuvo «discusión», aunque el que marcara«diferencias» fuera «el de siempre».

«Sabemos que a ellos no les hace falta gran cosa para hacerte goles. Han jugado cómodos, sin ninguna prisa –explicó–. Queríamos robar el balón en campo contrario pero ellos te hacen dudar mucho y te hacen mucho daño». Sobre todo Leo Messi, que firmó un póker, tras no haber podido marcar en los cuatro partidos anteriores. «Lo raro hasta ahora es que haya rematado tanto y no haya metido más goles. Es más normal esto que lo que ha pasado hasta ahora», reflexionó Mendilibar, aunque también asumió que «alguna facilidad habremos dado nosotros. La primera que ha tocado ha llegado y en la segunda ha marcado. Alguna culpa tendremos de que haya despertado, igual ha llegado más tranquilo al mano a mano».

Aunque su equipo volvió mejor de vestuarios, era evidente que ya no había nada que hacer. «Si te meten el segundo ya bajas un poco los brazos y con el 3-0 no teníamos gran cosa que hacer. En el segundo tiempo no hemos jugado mal, hemos hecho alguna ocasión de gol. Pero luego nos han vuelto a meter dos goles en dos minutos. Es lo que tienen los grandes equipos, que no les hace falta estar bien durante mucho tiempo para ganar».

Dolidísimo acabó Cote, al que incluso le costaba aguantar las lágrimas, entrevistado a pie de campo. «Siempre jode perder aunque sepas que no estás a su nivel», argumentó. «Cuando Messi tienela tarde y está a ese nivel a la hora de definir te sientes impotente te da rabia», reconoció el asturiano, que se consoló pensando en que «contra equipos de nivel más parecido al nuestro nos irá mejor jugando así». A.U.L.