Distopía nipona de la gripe canina

Wes Anderson ya tenía la experiencia previa en animación de “Fantastic Mr. Fox” (2009), largometraje basado en una fábula animal de Roald Dahl, pero con “Isle of Dogs” (2018), premiado en la Berlinale con el Oso de Plata a la Mejor Dirección, ha creado un universo propio absolutamente original. La técnica del stop-motion con muñequitos y maquetas a escala, conjugada con una fotografía futurista de Tristan Oliver, más la banda sonora compuesta por Alexandre Desplat con los tambores japoneses taiko y músicas de películas de Kurosawa, confluyen en una distopía inconfundiblemente nipona.
La tecnocracia imperial lleva a la pérdida de la relación entre las mascotas caninas y una dinastía que prefiere a los felinos, la cual se sirve de la gripe canina para aislar a los perros.
Anderson, lejos de cualquiera de sus idealizaciones retro, acierta a ilustrar la dimensión apocalíptica de una civilización acumuladora de montañas de desperdicios, solo apta para supervivientes inmunes.

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