Odisea espacial sobre la soledad infinita

En su condición de uno de los autores cinematográficos más destacados de los EEUU, James Gray ha acabado por plantearse una ambiciosa ópera espacial con el mayor presupuesto de su carrera, muy lejos de lo que costaron sus producciones independientes “Little Odessa” (1994), “La otra cara del crimen” (2000), “La noche es nuestra” (20017) o “Two Lovers” (2008). Pero no hay que dejarse engañar por los medios empleados, ya que en el fondo se decanta por una ciencia-ficción intimista, y en la que la astronáutica es representada de forma realista y documental.
“Ad Astra” (2019) traslada su ambición al terreno puramente filosófico, un poco a la manera del maestro Bergman cuando se refería al silencio de Dios. Esa ausencia de respuestas a las teorías del creacionismo queda plasmada en la búsqueda que el cosmonauta protagonista (Brad Pitt) emprende de su padre (Tommy Lee Jones), con todo el poderoso simbolismo que conlleva una relación paternofilial en el solitario universo conocido.

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