La demonización de la clase obrera

Años antes de que nadie empleara el término coronavirus Owen Jones escribía en “Chavs”: «Si nos deshiciéramos de todos los limpiadores, basureros, conductores de autobús, cajeros de supermercado, la sociedad se detendría en seco. En cambio, si al despertar una mañana descubriéramos que habían desparecido todos los muy bien pagados ejecutivos publicitarios, consultores y directores de capital riesgo, la sociedad seguiría funcionando como antes; en muchos casos, un poco mejor».
Es un hecho, sin embargo, que estos y otros trabajos vitales para la sociedad están sometidos a precarias condiciones. El autor se pregunta, ¿a cambio de qué la clase trabajadora ha cedido su derecho a trabajos decentes, seguros y bien pagados? ¿Quién es el gran beneficiado de la desafección que lleva a los más desprotegidos a no votar o a entregarse a opciones populistas?
Jones responde analizando las tendencias políticas y económicas comenzadas en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher. Sus decisiones se filtraron a la sociedad como un veneno que alcanza nuestros días. Dos factores lo hicieron posible: la quiebra interesada de la gran industria con la desaparición de una clase consciente de sí misma y la ensoñación de pertenecer a una clase media especulativa. Dirigidos por una clase política endogámica y clasista, los británicos han acabado por culpar a los nuevos desheredados. De ahí el término peyorativo chavs que da título al libro y que aglutina a los jóvenes provenientes de familias de clase trabajadora, sin formación ni trabajo, seducidos por una sociedad consumista que los explota y los desprecia.

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