Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «¡Va por nosotras!»

Los del fútbol las ven como peligrosas invasoras

La mujer moderna ha hecho bien en poner su punto de mira en el ejército y en el fútbol, porque son los feudos machistas por definición a conquistar. En cuanto al profesionalizado deporte balompédico incluso la homosexualidad es ocultada en los vestuarios, y a las mujeres se les confina en sus propias ligas, a las que se le presta una menor atención mediática por simple prejuicio sexista. Para una chica ser futbolista equivale a tener que jugar aparte desde la niñez con otro balón, sin poder aspirar a medirse nunca con los peloteros famosos. Mohamed Hamidi no ha partido de hechos reales, como la reciente “Que jueguen las chicas” (2018), sobre la fundación histórica del primer equipo femenino en Reims, sino que ha preferido inventarse una ficción que refleje lo que podría ocurrir en el caso hipotético de que las mujeres participasen en una liga de hombres.

Tan provocativa y divertida premisa la traslada con visos de realismo a las competiciones amateurs, ya que el SPAC de Clourrières es un club federado que juega en la última división. Como quiera que a falta de cuatro jornadas para la conclusión del campeonato toda la plantilla es suspendida por incidentes violentos en el campo, no encuentran en su pequeña localidad del norte ni juveniles ni veteranos suficientes para sustituir a los titulares. Para poder terminar la campaña y obtener el punto que les falta por disputar, el entrenador a instancias de su hija recurrirá a las mujeres de los jugadores.

Lo que en principio iba a ser un simple apaño se convierte enseguida en un auténtico experimento sociológico, debido al intercambio de roles que provoca el que ellas tengan que entrenar, y que sean ellos los que en su ausencia hayan de ocuparse de las tareas domésticas y del cuidado de la familia. Todo resulta creíble gracias al talento y gracia del reparto coral, especialmente de las actrices Célline Sallette, Laure Calamy, Sabrine Ouazani y Manika Auxire.