Esa maldita incertidumbre cuando ella no está
David Pérez Sañudo debuta en el formato largo con un poderoso drama muy bien resuelto técnicamente y que fascina por el empuje que imprime la actriz Patricia López Arnáiz a un personaje que, según el argot, podría ser definido como un “caramelo”. El cineasta bilbotarra acierta a la hora de enfocar su interés en la figura materna y relega a un interesante segundo plano invisible –en su arranque– a la hija, cuyo nombre da título al filme. Su no presencia dota de mayor empaque dramático a todo el engranaje porque incide en los miedos e incertidumbre que nacen y crecen en el seno materno. A modo de mecha emprendida, la protagonista y su compañero sentimental –también relegado a un coherente segundo plano– emprenden la desesperada búsqueda de su hija y el misterio de su desaparición repentina y posterior reaparición, aumenta la intensidad de un guion aderezado por diálogos muy bien sostenidos y en los que la joven actriz Jone Laspiur da una oportuna réplica al encarnado por López Arnáiz. Todo ello deriva hacia una última secuencia espoleada, una vez más, por la incertidumbre y que se traduce en gestos mecánicos y una mirada acuosa que eclosiona en un gran epílogo.

«A esta generación le toca poner las bases del Estado vasco»

«La única certeza es que el realismo de Trump nos lleva a la destrucción»

Cuatro grandes sombras oscurecen aún más la inoculación de vacunas caducadas

Expectación tras hallarse un planeta similar en tamaño y órbita a la Tierra
