Mujeres agrarias en espacios de decisión, roles y trabas
Resistencia para que se sigan sus indicaciones en el trabajo y actitudes machistas y paternalistas son parte de la realidad a la que se enfrentan las mujeres agrarias que participan en espacios de decisión del sector, según se desprende del estudio presentado por Emakunde ayer en Gasteiz. La aprobación del Estatuto de las Mujeres Agricultoras en 2015 supuso un salto en la visibilidad de unas mujeres que «casi siempre han estado en la sombra».

‘‘Representadas y visibles. Participación y representación de las mujeres en los ámbitos de decisión del sector agrario’’ es la cartografía realizada por Leire Milikua sobre las vivencias participativas de las mujeres agrarias, becada por Emakunde y presentada ante los medios ayer en Gasteiz.
La participación en los ámbitos de decisión sigue siendo una carrera de obstáculos en un sector que «se ha representado históricamente como un mundo de hombres», tal y como señalan las mayoría de las mujeres entrevistadas. Coinciden, además, en que su lugar «casi siempre ha estado en la sombra», en el ámbito privado, mientras que el espacio público correspondía a los hombres, que eran quienes acudían a las ferias, realizaban los tratos y participaban en las reuniones del sector. «Todo ello a pesar de que el trabajo de las mujeres haya sido y siga siendo clave en la supervivencia de muchas explotaciones, bien directamente a través de su trabajo en la explotación, bien asumiendo tareas y responsabilidades para que otras personas trabajaran», constata el estudio.
Las conclusiones del trabajo de Milikua arrojan datos como que el 52% de las mujeres entrevistadas ha encontrado resistencia para que siguieran sus indicaciones en algún espacio de reunión a lo largo de su trayectoria, a diferencia de los hombres. El 67% ha sufrido de actitudes sexistas en algún espacio de reunión y el 52%, paternalistas.
El 79% percibe una falta generalizada de empoderamiento de las mujeres del sector, mientras que otro 64% opina que, en general, se autoexcluyen.
Según el estudio, uno de los perfiles de mujeres en cargos de poder es el de aquellas que sí tienen acceso pero no se dedican a la actividad agraria. Este perfil preocupa a las mujeres del sector. Otro de los factores que de acuerdo con Milikua «dificultan» la situación es el «adultismo». Según explicó, las mujeres jóvenes se encuentran con más trabas a la hora de acceder a los puestos de poder.
La investigación realiza una serie de propuestas, dirigidas tanto a las propias mujeres como a las instituciones y asociaciones, para tratar de revertir esta situación, como fomentar la colaboración, priorizar las explotaciones profesionales, revisar el concepto de asociaciones, crear espacios propios para mujeres, y, además, se recomienda un acercamiento de las instituciones al sector, la revisión de los programas de formación y hacer cumplir las medidas de igualdad a las asociaciones.
La directora de Emakunde, Izaskun Landaida, destacó, en este contexto, la importancia del Estatuto de las Mujeres Agricultoras de 2015, «pionero en el Estado» en la medida en la que, entre otras cuestiones, trata de impulsar «una participación equilibrada» de las profesionales en el sector agrario.
Explicó que, en cumplimiento con esta norma, las asociaciones u organizaciones profesionales, empresariales y sindicales que operen en el ámbito agrario y que aspiren a recibir ayudas o subvenciones públicas tienen la obligación, desde 2021, de contar con un 40% de mujeres en sus órganos de dirección.
A tenor de los datos de Emakunde, el 77,63% de los órganos del sector han alcanzado ya esa cota. Así, mientras que en 2019 el 75,51% de los órganos de dirección contaban con alguna mujer y un 21,42%, con una presencia de al menos el 40%; en 2021, en el 98,02% de los órganos de dirección hay alguna mujer y en un 77,63%, una presencia de al menos el 40%.

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