El cine contraataca
Antes de nada he de confesar que durante la pandemia vi por primera vez en más de cuatro décadas el futuro del cine en peligro, porque hasta entonces siempre se anunciaba una crisis definitiva que nunca llegaba, en una versión muy alargada del cuento de Pedro y el Lobo. Pero nada ni nadie pueden con el cine, que tiene muchas más de siete vidas. Tanto es así que el discurso triunfalista del documentalista y ensayista Mark Cousins, repetido y aumentado a tenor de la presentación de su largometraje dedicado al productor Jeremy Thomas, sobre que el cinematógrafo es todavía un niño que goza de una salud de hierro, empieza a tener visos de credibilidad.
El descalabro de Netflix le da la razón, ya que la plataforma ha perdido la ventaja que había sacado durante el cierre de las salas de exhibición por culpa de la escalada vírica, y una vez reestablecida la normalidad, parace que la situación vuelve al punto de partida. El tiempo ha venido a demostrar que en Netflix se han equivocado con su política de limitar y restringir los estrenos cinematográficos de sus películas reservadas para suscriptores, y la mayoría de analistas de mercado aconsejan ahora que amplíe esos lanzamientos a un mayor número de pantallas, y que las mantenga en programación durante más tiempo. Algo de eso hay, ya que Netfilix ha adquirido cadenas de exhibición, por no hablar de sus cineastas en nómina.
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