Raimundo FITERO
DE REOJO

La falsa bandera

Algunas veces, las coplas tienen razón y acusar a un sujeto apetecible de ser como una falsa moneda es un despecho amoroso que funda una línea de discusión abrasiva y queda explicado de manera filosófica con ese «que de mano en mano va, y ninguna se la queda». Me confunde los restos del naufragio sentimental y se me va la mirada hacia la banda que ahora hace ver que dirige Núñez Feijóo, que están dando un nuevo espectáculo de incapacidad política, moral y gastronómica con el asunto del compromiso firmado por el anterior secretario general del PP, el nunca bien ponderado campeón de lanzamiento de huesos de aceituna, García Egea, con ese ministro que parece un asistente de la corte de un papa medieval, Bolaños, para renovar ese nido de ocupas, el CGPJ.

Como mienten mucho y mal, como no saben hacer otra cosa que enredar, primero niegan, después lo admiten, dicen lo contrario, se esconden, sacan pecho, insultan y después van a llorar al regazo de sus periodistas-matronas para que les encubran de manera ridícula. Había un acuerdo, está firmado, se conoce el documento y dicen ahora que eso no tiene valor, porque lo firmó la anterior dirección, pero con el sello oficial de la banda. Esta gente son muy poco de fiar.

Lo realmente impactante es el concepto que se ha instaurado en los comentarios políticos sobre la central nuclear de Zaporiyia, que ambas partes usan previamente y es la de un ataque con falsa bandera. Atacar con la bandera del enemigo para encalomarle el marrón. Están jugando con una catástrofe nuclear. ¡Que los parió!