Los efectos colaterales de los eventos culturales
La celebración de un festival de música, artes escénicas u otros eventos culturales que son presenciados por un número de personas suficiente como para alterar la vida social y económica de una localidad y sus cercanas, se empiezan a contabilizar por resultados económicos, por número de asistentes, más que por su auténtico valor, que es el impacto cultural, lo que el contenido del mismo tiene como ayuda para el progreso colectivo sobre una idea filosófica, una estética o una visión especial de la propia existencia del ser humano en est paraíso, valle de lágrimas o ruta turística.
Se ha casi olvidado un concepto que aplicado a cuestiones como las artes escénicas era una auténtica barbaridad, un dislate. “Industria cultural”. Recordemos con toda la conmiseración que podamos aplicar que los desaparecidos adalides de esto lo ponían en plural por si acaso impactaba mejor en las masas dada su vacuidad intrínseca. Ya no se escucha esta aberración, pero parece que ya no es necesario, porque en las consejerías y concejalías, en todas las instituciones ya se da por supuesto que se está hablando una actividad económica y lo de cultural es relativo, es una manera de cubrir un expediente.
Es indudable que una feria de teatro puede destinar más dinero contante y sonante a la restauración y alojamiento que a la contratación artística y, en muchas ocasiones, los gastos en infraestructuras temporales para poder hacer las representaciones son muy elevados.

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