Los cuentos digitales de Las Mil y Una Noches

Si a esta película se le pone una puntuación que no sea la de tres asteriscos el hechizo se rompe, así que no seré quien altere dicha numerología. El tres está presente en el título, y tiene relación con los tres famosos deseos que se pueden pedir al Genio de la Lámpara, por lo que éste le cuenta a la mujer que le libera de su encierro milenario tres historias, y la habitación del hotel de Estambul en el que se alojan es la número 333.
Supongo que todo es una mera broma, y que el veterano cineasta George Miller no es supersticioso, si no la fecunda franquicia Mad Max se hubiera quedado en una trilogía. Y como sigue más allá con nuevas entregas, “Tres mil años esperándote” (2022) es un entretenimiento particular que le permite al australiano hacer un alto y tomarse un descanso para experimentar con las tácticas visuales y narrativas que permite el género fantástico.
Incluso se podría tildar de capricho caro, en vista de que la película tiene un difícil acomodo en la cartelera por edades, ya que no es ni infantil, ni tampoco muy adulta. Sin embargo, el debate generado por la película no tiene que ver con sus contenidos, y afecta a sus imágenes en CGI. Digamos que esta vez Miller parece que se ha tragado a Tarsem Singh y crea un universo digitalizado deliberadamente artificioso, que recarga cualquier escena onírica hasta los límites del feísmo. Es una deformación de la realidad totalmente consciente, y que apela a la nueva concepción del metaverso que inunda nuestro actual sentido de la estética maquinal.
Digamos que en el fondo el cuento no ha cambiado, pero sí en la forma en que se nos presenta. La protagonista es una narratóloga que busca las conexiones entre los mitos culturales de diferentes épocas y lugares, por lo que su hallazgo en el Gran Bazar le dará las claves de esos ancestrales relatos que tienen como cuentacuentos de excepción a un personaje rebautizado como el Djinn.

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