Y Trump entró al capote
EEUU celebra en menos de dos meses elecciones de medio mandato para renovar la Cámara de Representantes y el Senado, que suelen ser adversas para el presidente y su partido. Pero el impopular fallo del Supremo sobre el aborto, la presencia perpetua de Donald Trump en los medios y la mejora -aún insuficiente- de la popularidad de Joe Biden pueden suponer cierto alivio para los demócratas.

Las elecciones de medio mandato suelen ser una vuelta de tuerca para el inquilino de la Casa Blanca y el partido que le sustenta: a casi todos los presidentes se les ha complicado el ámbito legislativo en los comicios que se celebran justo dos años después de su victoria electoral, con importantes pérdidas en el Senado, la Cámara de Representantes o en ambas instituciones. Con una inflación del 10% y unos índices de popularidad en mínimos históricos, el cataclismo que se auguraba para el partido demócrata en los próximos comicios de noviembre parecía insalvable hace pocas semanas. El debate parecía más centrado, en algunos ámbitos, en pensar quién podría ser el candidato ideal para 2024, descartando por completo un segundo mandato para Joe Biden.
Lo que nadie puede negar al mandatario de EEUU, sin embargo, es que es un corredor de fondo, con una larguísima experiencia en los pasillos de Washington. Tras año y medio de caída en las encuestas y en los índices de aprobación, de estancamiento de los proyectos y una sensación generalizada de parálisis y desesperación en las filas demócratas, como si no hubieran ganado las elecciones de 2020, los últimos dos meses han conseguido, a primera vista, frenar esa espiral negativa. La decisión del Tribunal Supremo de anular el precedente Roe vs. Wade que garantizaba el derecho al aborto fue la gota que colmó el vaso tras una larga lista de medidas judiciales muy reaccionarias, en ámbitos como la posesión de armas o la capacidad del Gobierno para luchar contra el cambio climático.
Frente al júbilo ultrarreligioso republicano, el propio Donald Trump advirtió de que suprimir la garantía constitucional al aborto era una medida demasiado extrema que se le podría volver en su contra al partido republicano. Los demócratas no han parado de recordar que la única manera de apuntalar la libertad de decidir sobre el propio cuerpo es asegurando un control demócrata en el Congreso.
Y mientras los estados más conservadores se lanzaban a ejecutar las medidas adoptadas para clausurar las clínicas de atención a la mujer, hace un mes llegó un primer aviso desde el estado de Kansas: pese a ser sociológicamente conservador y muy similar a otros estados vecinos como Oklahoma o Missouri, Kansas llevó a referéndum la posibilidad de interrumpir el embarazo, y la opción de preservar este derecho ganó con una amplia mayoría. La movilización de las filas propias es clave en este tipo de consultas, y lo mismo ocurre con las elecciones de medio mandato, que generalmente tienen una participación menor que las presidenciales.
A comienzos del verano, el presidente Biden había firmado la ley de seguridad frente a las armas. Es una norma muy tímida y alejada de lo que le exige una mayoría que aboga por un control más estricto de las armas, pero también es la primera ley aprobada en tres décadas, que además sirvió para romper el férreo bloqueo legislativo por parte de los senadores republicanos. Semanas más tarde, Biden conseguía sacar adelante la Ley de la Reducción de la Inflación, con el paquete de reconciliación de 433.000 millones de dólares que supone ampliar la atención médica para millones de ciudadanos e implica lo que el presidente calificó como la «inversión más importante que jamás haya hecho EEUU en seguridad energética».
Además, semanas después del criticado viaje de Biden a Arabia Saudí, el precio de la gasolina comenzó a descender. El presidente sabe que no puede ganar las elecciones con el galón de gasolina a cinco o seis dólares. Este mismo fin de semana, algunas gasolineras podrían volver a bajar de los tres dólares el galón.
El panorama de nubes oscuras que se le presentaba a Biden y al Partido Demócrata
ha mejorado considerablemente, pero la oposición republicana aún tiene mucho margen para criticar la inflación que han venido sufriendo los bolsillos de los estadounidenses. Biden sabe que, pese a que pueda presumir de logros en las últimas semanas, la sensación general no cambia con tanta rapidez. Y ante eso, la apuesta es atacar, sin esperar a tener que defenderse de las críticas republicanas.
Romper el marco, llevar el debate político al lugar que el Partido Republicano quiere evitar a toda costa: Trump y un partido rendido al MAGA trumpiano (Make America Great Again, Hacer América Grande De Nuevo), donde la mínima disidencia supone ser acusado de RINO (Republican In Name Only, Republicano Solo En Nombre, denominación despectiva de Trump a cualquier republicano que ose criticarlo).
La posibilidad de una victoria republicana en las elecciones de medio mandato de noviembre es más que probable, y es cierto que ello supondría un auténtico deslizamiento del Congreso a posiciones muy derechistas. Esta vez la práctica totalidad de candidatos republicanos al Senado han ganado sus primarias tras conseguir el apoyo de Trump, con lo que supone de sumisión a posturas extremistas. Pero paradójicamente, para que estos candidatos apuntalados por Trump puedan ganar en noviembre, ahora toca que se alejen del expresidente.
El congresista Tom Emmer, jefe de la campaña republicana, ha advertido a sus candidatos de que se centren en la economía y eviten a toda costa nombrar a Donald Trump. «Nuestro foco debe estar en 2022. Si es 2024, nos hace daño… tenemos que centrarnos en ganar en noviembre, y creo que todo lo que nos aparte la mirada de esos, nos podría costar un par de victorias», aseguró a la CNN el representante de Nebraska Don Bacon. El jefe de comunicación republicano Michael McAdams ha afirmado que «las encuestas públicas y privadas muestran que las elecciones de medio mandato serán un referéndum sobre Joe Biden y la agenda fallida de los demócratas que ha dejado a los votantes teniendo que pagar precios nunca vistos».
Ante esta tesitura, Biden tiene claro cuál es el marco en el que se juegan las elecciones. Pero uno no basta para imponer el marco discursivo, si el oponente insiste, por ejemplo, en el argumentario que más le favorece, como sería destacar la inflación histórica de la Administración Biden. Para ello, el presidente necesitaba que su oponente «comprara» su ámbito discursivo. Y en Filadelfia supo tocar las teclas necesarias para lanzar el capote y conseguir que Trump entrara al trapo, para desesperación de los líderes republicanos.
Joe Biden, que ya hace dos semanas inició la campaña acusando a la «filosofía MAGA» de «semifascismo», eligió la Sala de la Independencia de Filadelfia para su discurso. El lugar de nacimiento de la democracia estadounidense (donde se firmó la independencia del país) sirvió de fondo para advertir del riesgo que suponen «las fuerzas oscuras dentro del Partido Republicano que intentan socavar la democracia», subrayando que la «ideología extrema» de Donald Trump y sus simpatizantes «amenaza las bases mismas de nuestra república».
El recurso de «que viene el lobo» siempre es peligroso,
pero es algo con lo que llevan jugando durante más de dos décadas en el Estado francés, por poner un ejemplo. En EEUU, además, el lobo ya vino en 2016. El jueves de la pasada semana Joe Biden lo azuzó, y Donald Trump respondió dos días después, también eligiendo Pensilvania. Es el este estado bisagra en el que se confirmó la victoria de Biden en 2020 (y de Trump en 2016), y que dentro de dos meses será uno de los principales campos de batalla.
En teoría, Trump fue para apoyar al candidato a senador Mehmet Oz y al aspirante a gobernador Doug Mastriano. Pero todo su discurso, narcisista y estridente, fue un contraataque constante contra Biden: «El es el verdadero enemigo del Estado». No solo denunció al presidente, también cargó contra Filadelfia, recordando la alta tasa de criminalidad, «como solo se puede ver en otras ciudades gobernadas por demócratas». Trump atacaba a la mayor ciudad del estado en que se encontraba, en un acto supuestamente organizado para apoyar a los candidatos de ese mismo estado.
Por ahora, el Partido Republicano ha conseguido que Donald Trump no haya anunciado su candidatura para las elecciones presidenciales de 2024, algo que quiere evitar a toda costa antes de los comicios de noviembre. Pero todavía quedan dos meses para ello, y en medio, una investigación del FBI, otra del Congreso (por el ataque al Capitolio), y un presidente que sabe bien de qué quiere hablar, y sobre todo, de quién.

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