Nuestros futuros desamparos

Genki Kawamura lleva años atacando a nuestros lacrimales. Productor detrás de Mamoru Hosoda (“Belle”) y Makoto Shinkai (“El tiempo contigo”), artesanos de la emoción sin pretextos, Kawamura adapta una novela homónima suya como partida de viaje, de buenas a primeras, volcado a su desenlace. Verdadera apoteosis emocional, las “cien flores” del título van a demarcar la relación entre una madre (Mieko Harada) y su hijo (Masaki Suda), cuyos caminos se fueron separando y entrelazando con fuerza trágica, y que ahora, cuando ella va perdiendo la memoria, se ven volcados a desvanecerse. El japonés practica la caligrafía del dolor pero también del encuentro: como en “Your Name”, que produjo, ribetea ilustraciones emocionantes y de preciosa factura visual (la fotografía corre al cargo de un portentoso Keisuke Imamura).
Tensionan un relato alrededor de los sacrificios, el compromiso y el perdón, que hilvana tiempos y registros con equilibrio novelesco. ¿Qué abandonos pasados explican la soledad a la que el hijo somete a su madre? ¿Qué fue del hombre a quien la mujer busca sin descanso en sus alucinaciones? Asimismo, ¿quién y por qué robaba álbumes de fotos en el bloque de pisos donde vivían? La partitura de “A Hundred Flowers” es especialmente cruel, no porque construya personajes de historial complejo, sino porque les niega el beneficio de un recuerdo compartido. Bajo los efectos del Alzheimer, la doliente odisea emocional que les une se transforma en algo efímero, casi insignificante.

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