Raimundo FITERO
DE REOJO

Todos son cuentos oscuros

Cada noticia proveniente de cualquier frente de guerra encierra un cuento sin moraleja que sirve exclusivamente para alimentar el miedo en la otra parte. No existen corresponsales de guerra, son agentes propagandísticos con casco y micrófono que acostumbran a montarse escenas para sobrealimentar de manea partidista el valor de lo contado. Mientras sobrevuelo sobre mi propia ignorancia intento imaginarme cómo serán los cuentos oscuros que recibirán los ucranios, los rusos y si allí existirá una información laminada que intente escribir otros cuentos con los mismos muertos.

Una vez más el Nobel de la Paz entra directamente en el juego de la guerra, al proclamarlo en el cumpleaños de Putin. Repartido por instituciones casi clandestinas, algunas muy cuestionadas por su condescendencia con las tropelías sobre DDHH de Ucrania, lo único que consigue es desacreditarse. Nadie se acordará de ellas pasado mañana. No sirve ni para lograr giros en las tramas de los cuentos oscuros. ¿Putin está acorralado? El ataque al puente que une Crimea y Rusia parece un derrumbe simbólico del poderío militar ruso. La retirada de los ejércitos, el abandono de material militar ruso, ¿es cierto en las dimensiones que nos cuentan o es una estrategia de la araña que puede servir para envolver a las tropas ucranias y lanzar el ataque final?

En los cuentos de guerra rusos aparece el general invierno y ayuda a debilitar al enemigo. ¿En este caso ambos tienen al general a su favor? Una duda narrativa, ¿cómo puede ser el final de este cuento oscuro si Putin desaparece por voluntad propia o ajena?