Un jardín con laberinto
Josep Borrell es un hombre rudo, nacido en el Pirineo ilerdense, que se tituló como ingeniero aeronáutico y economista. Dejó todo por la política. Ha sido ministro, parlamentario, eurodiputado y actualmente es Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Políticas de Seguridad. Nada menos. Viaja mucho, habla mucho, mete la pata más que nadie. Parece que no acudió nunca a las clases de diplomacia, pues acaba de decir que Europa es un jardín rodeado por la jungla. La metáfora es demoledora. La imagen es directamente reprobable por su carga de eurocentrismo con exceso de arrogancia colonial. Además de ser una gran mentira, de un absceso de ignorancia metido en su cerebro magullado por tantos años de funcionariado político.
Hay revuelo internacional por esta desfachatez que coloca a este dirigente como inhabilitado ante la situación que vive actualmente el mundo y, especialmente, todo lo que rodea, roza, se mezcla con esa Europa pendiente de un gaseoducto, de una decisión tomada por el anciano Biden o a expensas de la calidad del desayuno de Vladimir Putin. Parece una declaración de guerra cultural bastante improcedente en estos precisos momentos en los que las sensibilidades se están esforzando por no repercutir de manera directa en las decisiones ordinarias y extraordinarias.
Coinciden estas declaraciones con unas imágenes de decenas de hombres desnudos perdidos en un monte que las voces a las ignominias de este tipo de informaciones capciosas que se trata de refugiados quizás afganos en un paraje entre Grecia y Turquía. ¿En el jardín o en la jungla?

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