Raimundo FITERO
DE REOJO

Transformación del patrimonio

Una otana, un pan candeal, una pistola de pan blanco, una chapata o una baguette, ¿son patrimonio real y material solamente cuando salen del horno o se pueden considerar algo inmaterial en el momento en que se ingieren?

Prefiero dedicar mis hormigas neuronas a rebuscar en los residuos de mi raciocinio para descifrar estos misterios entre la física, la química y la teología que atender a las mentiras abrochadas en cinismo y otros repertorios de la represión ejercida por el ministro con perrita, el señor Grande Marlaska, retratado de manera total y absoluta por los hechos acaecidos en la valla fronteriza de Melilla. Asunto muy feo. Y que, insisto, al señor Sánchez le viene muy bien mantener a este ministro como fusible y parapeto.

La Unesco acaba de nombrar Patrimonio Inmaterial de la Humanidad la baguette, esa manufactura de harina, agua y sal con la que tanto hemos alimentado nuestros sueños y despertares juveniles en las calles francesas con sonidos perpetuos de sirenas policiales. No hay que historiar un trozo de pan, pero hay símbolos que acaparan parte del imaginario de explosión revolucionario de finales de los 60 del siglo XX y, junto al continuo soñar de sirenas policiales en París, el poder tomar una baguette de queso o embutido y cumplir con la alimentación doctrinal forma parte de una biografía desencajada de los grandes hechos.

La transformación patrimonial de lo material en inmaterial provoca jaqueca. Una baguette con paté es tan concreto, tan material, diría tan materialista, que casi no cabe en la Unesco.