Berlín bloquea la decisión de la UE de vetar los coches de gasolina y diésel
Los países de la Unión Europea volvieron ayer a aplazar la votación del acuerdo que establece la prohibición de comercializar coches de gasolina y diésel a partir del año 2035. Cuando todo parecía hecho tras el visto bueno del Parlamento Europeo en febrero, Alemania exigió el jueves blindar el futuro de los combustibles sintéticos.

En el diccionario de la Unión Europea no existe la palabra definitivo e irreversible. Después de que el Parlamento Europeo diese, hace dos semanas, el visto bueno al plan de la Comisión Europea -validado previamente por el Consejo de ministros de la UE- para prohibir la venta de coches de gasolina y diésel a partir de 2035, Alemania se echó ayer atrás. A última hora, en una votación de los embajadores de los países miembros ante la UE que se esperaba fuese de trámite, el representante de Berlín alzó la mano.
El peso pesado europeo, con Los Verdes en su Gobierno, se sumó así a las reservas expresadas por Italia, Polonia y Hungría -también por el PNV, que votó en contra del acuerdo en el Parlamento Europeo-. Para evitar el fatal desenlace, la presidencia sueca de la UE decidió retirar finalmente la votación del orden del día. Se abren pues nuevas negociaciones en el laberinto burocrático europeo.
Previamente, Berlín ya había logrado matizar la propuesta de la Comisión, en colaboración Italia, para que se puedan matricular motores de combustión a partir de 2035, siembre que utilicen combustibles sintéticos. Ahora piden más garantías para que esta cláusula se mantenga.
Combustibles sintéticos
La explicación alemana a su oposición ha sido la falta de garantías para los combustibles sintéticos, que según los más optimistas podrían sustituir parte de los combustibles derivados del petróleo. Desde la Comisión Europea se insistió en que su propuesta es «tecnológicamente neutra» -es decir, que no toma partido por el coche eléctrico, el hipotético vehículo de hidrógeno o los combustibles sintéticos-, pero el ministro alemán de Transportes, el liberal Volker Wissing, defendió ayer un redactado más flexible de la normativa. Los socialdemócratas, socios mayoritarios en el Gobierno de Berlín, son bastante más escépticos acerca de este tipo de combustibles sintéticos -Repsol tiene un proyecto para producir este tipo de fuel en Bizkaia-, pero ha pedido garantías adicionales. El objetivo: blindar que puedan usarse de acuerdo al reglamento que aspira a que los coches y furgonetas no produzcan emisiones de CO2 a partir de 2035.
«Los que ayer conducían un Corsa, mañana irán en bus»
La entrevista que el exdirectivo de Volkswagen Jens Andersen ofreció a “Bussines Insider” acerca de la situación del coche eléctrico -sobre el cual realizó su tesis doctoral- ha levantado polvareda. Para Andersen, es altamente improbable que los coches eléctricos bajen su precio a corto y medio plazo, lo que junto al encarecimiento y las restricciones de los combustibles fósiles, le lleva a afirmar que «los que ayer conducían un Opel Corsa mañana irán en autobús». Así condensa lo que para él es una evidencia: no es posible una sustitución del actual parque móvil por uno eléctrico.
Del mismo modo, Andersen también augura grandes problemas a la industria automovilística europea: «Su producción en Europa, a día de hoy, no será rentable en comparación con los vehículos fabricados en China. El tiempo de la movilidad individual asequible made in Europe está llegando a su fin».GARA
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