Dos cosas sobre las cosas
Lo primero que deben aprender las cosas es que no tienen derecho a ser informadas ni aun cuando las medidas a adoptar les afectaran porque, lamentablemente, las cosas carecen de libre albedrío. Tampoco es obligación de nadie dar explicaciones a las cosas sobre el uso que se haga de ellas, de igual modo que uno no está obligado a advertir a la batidora que va a ser utilizada minutos más tarde, a los espaguetis que van a ser comidos con tomate o a las personas usuarias de residencias de mayores que, por ejemplo, van a ser cambiadas de mesa, de piso, de habitación, de compañía o que queda suspendida la fisioterapia hasta nueva orden. Guste o disguste, las cosas no tienen facultades para elegir o tomar decisiones. Son, como su nombre indica, cosas, y su función consiste en esperar a que las levanten, las muevan, las trasladen, las llamen, las quiten y las pongan.
Lo segundo que deben aprender las cosas es que el primer punto se establece, única y exclusivamente, pensando en su interés, de manera que no se alteren ni perturben con informaciones que no les incumben y que sólo les generarían, como bien dice el bolero «ansiedad, angustia y desesperación» por más que, en cualquier caso, las cosas siempre acaben enterándose de todo.
(Preso politikoak aske)

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