Discrepancias y reacciones
Dice la leyenda que algunos profesionales de la información, en algún tiempo de cotización democrática alta, salían de un medio o empresa por discrepancia con la línea editorial. O dicho mejor: por el cambio que la propiedad y la dirección periodística habían decidido en cuanto a la línea política que se defendía por encima de las coyunturas y las urgencias informativas que, en términos teóricos, son el relato de los hechos de la manera menos contaminada.
Tenía asociado un bonito nombre: objeción de conciencia. Tenía amparo legal y, sobre todo, ético. Las asociaciones profesionales defendían en sus estatutos y en sus prácticas, códigos que ayudaban a entender mejor los valores fundacionales de ese ejercicio tan vulnerable, tan rico y empobrecido, tan amigable y odioso como es el ejercicio del periodismo, desde el más básico, hasta el que incide de una manera mayoritaria en la sociedad. Y hemos asistido a un conflicto en ese espejo llamado BBC y con un comentarista deportivo, exjugador de fútbol de élite, que en su red social opinó de manera crítica sobre las medidas tomadas por el Gobierno británico contra la emigración y la respuesta inmediata de la cadena de mando del ente público fue apartarlo del programa, censurarlo en palabras concretas. Y se abrió un gran debate donde se escuchan cosas que deberían estudiarse en las facultades y oírse en las redacciones, sobre ética, libertad de expresión, medios oficiales, redes sociales y un largo etcétera.
La presión profesional, el amparo social devolverá a Gari Lineker este fin de semana a analizar partidos de fútbol.

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