Kontxita Martinez de Lezea gogoan
Emilio Zubia Flaño
Este sábado asistimos en el Kursaal de Donostia a un emotivo acto para recordar a las niñas y niños que tuvieron que exiliarse tras el golpe de Estado franquista. Mi madre es una de ellas. No ha podido acudir pero sí ha estado su nieta, el siguiente eslabón de aquellas mujeres.
Mi abuelo luchó por la República y al acabar la guerra estuvo confinado en los campos de concentración de Argelès-sur-Mer y Gurs. Mientras él estaba en el frente, mi madre y sus hermanos tuvieron que ir al exilio. De Donostia a Bilbao, y de ahí a Francia en barco. La familia no pudo reencontrarse hasta después de la guerra. La derrota dirían ellos.
Los nombres de mi abuelo, mi madre y mis tíos constan en diferentes documentos gracias a la labor de los historiadores. Pero la persona que sostuvo la familia durante aquellos duros años de exilio y los posteriores de represión no consta en ningún archivo. Los nombres de aquellas mujeres no cuentan, se perdieron. No puede perderse el reconocimiento que les debemos. Aquí va un nombre: Victoria , mi abuela. No tuvimos una relación fácil. Ella anciana, yo adolescente. Pero una vez superados los trámites de la vida, tuve la oportunidad de escucharle. Me contó historias que durante años había guardado solo para ella. Tuve ese privilegio. Va por tí amona Victoria. Va por todas aquellas mujeres.

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