Dos iruñeas para un mismo surrealismo
Encajonados entre una polémica constitución de ayuntamiento y unas estatales cruentas, los sanfermines de 2023 reavivan la soterrada guerra fría entre las dos Iruñeas. Se palpa en la Plaza de Toros. Eso sí, es la guerra de los gags de Gila o los de los hermanos Marx, bañada en surrealismo. O regada de surrealismo, como se quiera ver. Una obra de arte, en cualquier caso.

En la última fila de la grada 3 de la Plaza de Toros de Iruñea, un australiano que está solo y ha conseguido entrada en reventa porque «tenía curiosidad» pone cara de no entender nada de lo que está pasando. Ni en el ruedo ni en las gradas. Y nos sería imposible explicárselo, porque por ejemplo cuando desde los tendidos de las peñas se empieza a cantar ‘‘Que se vayan’’, no queda claro si se refieren a la señora que ha colgado una bandera española unos metros más allá, junto al palco, o que acaba de entrar Carlos García Adanero, el concejal del PP que preside esta corrida.
Tampoco está muy claro por qué una mujer en la zona de sombra dice «¡Qué pesaus, pero qué pesaus!» cuando enfrente se empieza a gritar ‘‘¡UPN kanpora!’’. Es la primera y única vez que ha sonado ese lema desde el tendido de las peñas, así que por repetición no será. Quizás se queja de que molestan al torero, que está ya preparando la espada. O igual tiene demasiada resaca para tanto ruido...
La solapada guerra fría entre las dos Iruñeas, la de sol y la de sombra, este año es más evidente, menos soterrada. Por ejemplo, se ven bastante carteles, gorras y camisetas de ‘‘Berriro egingo dugu’’, el lema de la campaña de EH Bildu. Y en el otro lado tampoco se cortan demasiado. La corrida acaba con parte de sombra silbando el cántico de ‘‘Que te vote Txapote’’, que ha entonado con sarcasmo una peña de mozas y mozos ubicada en andanada. ¿Les enervará que las peñas estén choteándose de su lema preferido? Eso parece...
Todo suena a mundo al revés, pero es parte del surrealismo sanferminero que todo lo impregna. Ni siquiera hace falta iniciar la corrida para comprobarlo. A la entrada, junto al patio de caballos, decenas de personas jalean al conductor de la furgoneta que ha traído a un torero y su cuadrilla, porque el hombre no parece muy hábil al volante y ha chocado consecutivamente con dos elementos del mobiliario urbano. En la entrada justo contraria a la plaza, dos mozos de peña acuden disfrazados de dos palmeras gigantes. Más risas, más absurdo.
En las dos horas siguientes suman himnos de lo más inexplicable, desde un villancico (‘‘Pero mira cómo beben los peces en el río’’) a la marcha Radetzky del Concierto de Año Nuevo de Viena, pasando por la chica ye-yé, la gitana loca que dijo que Osasuna iba a ser campeón, ‘‘Un beso y una flor’’ de Nino Bravo, ‘‘Es una mafia, la Uefa es una mafia...’’ A ver quién saca una conclusión sensata y coherente del repertorio, no pierdan tiempo.
PASIÓN POR MÉXICO EN EL COSO IRUINDARRA
Entre medias se corea una de Paulina Rubio (‘‘Una sola palabra...’’), que genera más dudas: ¿Es porque hoy hay un torero mexicano en el cartel o será simplemente porque sí? La Iruñea de bien tuerce el morro con el ‘‘No hay tregua’’. Y prácticamente solo se palpa unanimidad con una mexicana: ‘‘Pero sigo siendo el rey’’. Alguno hasta la tararea en voz baja; en decibelios no hay color entre las dos partes de la plaza.
Cuando llega el cuarto toro, el que empieza a dar tregua en el sol, en la zona de las peñas ya se ve tanta gente de espaldas al ruedo como de frente. Sombra lleva mal esa indiferencia, pero tampoco cuela que en su zona todos sean taurófilos. Un joven bien vestido se está haciendo ahí algunas fotos con aficionados, pero la mayoría tiene que buscar información en su móvil para enterarse de quién es el personaje: al final descubrimos, y descubren, que se trata de un nuevo torero de Albacete.
HIELO Y ALMENDRAS; AÑEJOS Y ADOLESCENTES
Va avanzando la tarde. Sol sobrevive a base de hielo, el elemento más visto a la entrada, que obliga a potentes dispositivos de transporte, organización que no falte. En Sombra se venden almendras de Córdoba. Y en esta zona corren más vino blanco y champán que kalimotxo y cervezas.
Pese a que las gradas no son un ejemplo de comodidad precisamente, ni en versión sin ni con almohadilla, hay algunos octogenarios, y aparentemente incluso nonagenarios en la mitad de las entradas más caras. También no pocos niños, varios menores de diez años. Unos y otros podrían ser bisabuelos y biznietos, aportación surreal de la zona vip. Por contra, no busquen bisabuelos ni txikis en Sol, territorio de gente dura, pero sí miles de adolescentes o muy jóvenes en modo rito iniciático, o sea, empapados en vino como churro en chocolate.
Resulta que el torero mexicano ha cortado dos orejas. En Sombra se percibe admiración y vuelven a sacarse los móviles para buscar datos del matador en Google. Desde Sol le han tirado una bandera de Osasuna que Isaac Fonseca ondea al viento, pero el resto de los presentes que recibe desde la grada es un sinsentido de cachivaches, palmera gigante incluida. El australiano, mientras, sigue tan estupefacto que ni siquiera le da risa.

«El algoritmo se ha erigido en una arma de guerra»

A Xabi Alonso y al Real Madrid se les rompió el amor de tanto usarlo

«El imperio norteamericano quiere llevarse el petróleo sin pagar»

Una iniciativa europea contra el pacto UE-Israel busca un millón de firmas
