El método no garantiza nada
El Teatre Lliure de Barcelona será dirigido los cinco próximos años por Julio Manrique. Reflexionemos sobre el método utilizado para estos nombramientos. Todo el misterio o las claves residen en el nombramiento de quienes deciden en última instancia. Parece que se está de acuerdo en que sea una convocatoria abierta, que se estudien los proyectos y que un equipo de expertos analice las propuestas y seleccione una terna con los que consideran más adecuados. De esa terna los responsables eligen a la persona concreta.
Son muy pocas las sorpresas y en los procesos conocidos el resultado ha sido bastante previsible. A los curiosos nos encantaría conocer los proyectos que no han obtenido el aprobado, que se han quedado en el camino y si en las deliberaciones finales, las de la parte contratante y política, en qué se han fijado más para su elección, en lo técnico o en lo político. Siempre hay un componente de proyección partidista que debería desaparecer para darle mayor credibilidad al cargo.
La posibilidad de que esos nombramientos no se hagan por convocatoria pública y sí por designación directa no le resta autoridad al elegido y en la experiencia de los últimos tiempos, los resultados han sido bastante óptimos en los casos que se ha utilizado este método.

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