Genocidio
Se atribuye al presidente estadounidense F. D. Roosevelt, durante una rueda de prensa por los años 30 del pasado siglo, haber reconocido que el dictador nicaragüense Anastasio Somoza era un «hijo de puta», para inmediatamente matizar «pero es nuestro hijo de puta». Breve observación que, sin embargo, explica perfectamente los fundamentos éticos y morales de la política exterior de los Estados Unidos.
Netanyahu, primer ministro del régimen sionista, también es un hijo de puta pero es de «nuestro equipo», insiste Joe Biden, juega con nosotros, es nuestro hijo de puta. Y es verdad. De hecho, Netanyahu tiene tantos padres entre los EEUU y Europa que, además de «nuestro», pronombre posesivo, también se ha ganado a pulso el adjetivo: nuestro hijo de la gran puta.
Qué extraña guerra esta que todos los días titulan los medios entre quienes tienen miles de aviones militares y quienes disponen de parapentes por toda fuerza aérea; entre quienes hacen prisioneros (más de 200 niños palestinos entre ellos) y quienes cometen secuestros; entre invasores que se defienden e invadidos que atacan; entre «demócratas» que desacatan todas las resoluciones de la ONU y «terroristas» que esperan que se haga justicia. Qué extraña guerra este genocidio.
(Preso politikoak aske)

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