No es la tortura… es el negocio
Existen torturas inimaginables que solo las conocen quien las ha sufrido y quien las inflige. Cuando se atraviesan ciertas líneas de represión, la barbarie del ser humano es imprevisible. Ocurrió en los campos de exterminio de Hitler y hoy está sucediendo en Gaza. En EH el franquismo y la Transición del 78 han dejado un relato de torturas que aún se debate entra las sombras de una verdad apenas contada. Y es que para entender ese silencio y la impunidad que lleva consigo, tal vez sea necesario cuestionar la Transición de principio a fin. Tres de los magistrados que participaron en el juicio que, en 1985, condenó a los militares argentinos a cadena perpetua afirmaron, hace unas semanas, que el horror de las brutalidades narradas por las víctimas fueron como una «catarsis». «Cada sociedad elige su transición, pero aquel juicio (público y televisado) todo el mundo lo vio y nunca más se discutieron los hechos». Hace poco un dirigente del PNV cuestionó el apoyo de su partido a la Transición del 78. «Si hubiésemos sabido que se llegaba a esto, hubiésemos apoyado la ruptura», afirmó. No se ilusionen. No es el espanto y el dolor de la tortura impune lo que les aflige... El 2024 es año de elecciones y hay que calentar los motores retóricos para continuar con el negocio de gestionar la CAV.

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