«La calle y el frío matan»
La calle y el frío matan», me lo dijo una mujer en el patio de la cárcel de Soto del Real y a ella se lo decían, una y otra vez, las voces que escuchaba cuando llegaba la noche y la soledad se llenaba de murmullos extraños. Sin familia cercana, no recordaba desde cuándo vivía en la calle. Tampoco sabía porque estaba allí. Al parecer su único delito era ser pobre y tener la salud mental muy deteriorada. Aquella mañana la nieve y la lluvia me parecieron especialmente heladoras. Me he acordado de ella muchas veces, siempre que la sociedad se vuelve más cruel que el invierno y muestra la indiferencia con que hoy se asume la injusticia de la desigualdad y de la guerra. «La falta de empatía es la gran enfermedad del mundo», declaró la cantante Rozalen a Médicos sin Fronteras. Mucho más contundente al explicarlo fue, sin duda, Antonio Gramcsi, fundador del Partido Comunista Italiano, cuando en 1917 escribió “Odio a los indiferentes” (Odio gli indiferenti). Ayer al leer que, en Iruña, desde la toma de posesión de Joseba Asiron, ya nadie duerme en la calle, la volví a recordar y me pregunté dónde estará. La calle y el frío matan, sí, pero también la «mala fe» del individualismo que nos arrastra y la falta de voluntad política de quienes, al gobernar, olvidan que la vivienda es un derecho inalienable.

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