La Concha de Oro no ha sido para Albert Serra
Jaione Camborda revaloriza la Concha al galardonar la opción cinéfila más dura, por encima del imperativo social o del consenso. La donostiarra se consagra al atrevimiento estético que ya mereció el oro de Luca Guadagnino para “Beginning” en 2020, y cuatro años antes, el de Bille August para “Yo no soy Madame Bovary”. A cada tanto, un palmarés nos señala que forma es fondo y que no hay mensaje que una mala película valga. De hecho, resulta paradigmático que el propio Albert Serra defienda la neutralidad política de un film cuyas imágenes, violentas hasta la arcada, no dejan dudas sobre su espíritu antitaurino. “Tardes de soledad” habla por sí sola, y por ello el laurel resulta cinematográficamente indiscutible. Haberla premiado, a pesar de la polémica y por lo que es -una obra portentosa y coherente-, va a leerse como gesto en favor de la independencia del arte; una proclama de la que el festival seguro sacará provecho. Hoy cargamos pilas simbólicas después de cinco años movilizando la marca Zinemaldia para promover nuevo talento, porque en realidad “On Falling” de Laura Carreira (cineasta joven con una opción de consenso) podría aprovechar “mejor” esta Concha. Tampoco se hubiera discutido un Premio Especial del Jurado para Serra, un autor plenamente funcional y que no necesita de más celebraciones. En fin: la victoria de “Tardes de soledad” sirve, en todo caso, para validar el certamen que la reconoce y nos recuerda que Donostia está a la altura de los cineastas que invoca.

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