Finales y comienzos
Una mujer, de la que desconocemos su pasado, ha roto con su pareja y vive en la casa de la piscina de su hermana -hay quien tiene casa, piscina y casa de piscina, sí-. Daph, interpretada por Shailene Woodley (“Divergente”, “Snowden”) viene de una ruptura traumática, ha dejado su trabajo y su apartamento en Los Ángeles. La vida de una treintañera avanza entre la superación de una ruptura y la reconstrucción personal de alguien que deambula en el mundo buscando su lugar. En este deambular, dos hombres se cruzan en su camino y, como imaginaréis, ambos son guapos y “especiales”.
En la imperfecta película de Drake Doremus sobre las relaciones y el crecimiento personal, la vida va pasando por la pantalla con actuaciones brillantes que nos acercan hasta una historia demasiadas veces contada, a pesar de su buena factura. Su edición, la realización, las interpretaciones, todo fluye muy a pesar de que a veces parezca un videoclip y la trama pertenezca a un culebrón televisivo “purasangre”. Shailene Woodley es una de las mejores actrices de su generación. Brilla sin estridencias y hace que no deseemos dejar de ver esta película, a pesar de saber que ya la hemos visto demasiadas veces. Me pregunto si es tan difícil contar la misma historia, al menos, desde otro punto de vista.

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