Israel concentra sus bombas en la población de Gaza, que ahora se siente más sola

Si uno de los objetivos de la tregua en Líbano es para Israel centrarse en endurecer los ataques contra Gaza, su Ejército no tardó en confirmarlo con bombas y mató al menos a 33 personas, de ellas 23 en dos escuelas con desplazados en ciudad de Gaza, entre ellas la escuela Al-Tabaeen, que en agosto ya fue objetivo de un ataque en el que murieron un centenar de palestinos.
Hamas reiteró su compromiso de lograr un acuerdo que implique «un cese total de las hostilidades, la retirada de las fuerzas de ocupación, el regreso de los desplazados y la conclusión de un acuerdo real y completo sobre el intercambio de prisioneros». Pero en el caso de Gaza, el objetivo israelí se acerca más a la ocupación y limpieza étnica del territorio, que ve más cerca con Donald Trump en la Casa Blanca.
En el norte, asediado desde hace casi dos meses, la campaña militar avanza hacia la expulsión de la población, y el ministro israelí de Finanzas, Bezalel Smotrich, ha planteado que la mitad de los palestinos de toda la Franja «se vayan», tras hacer su vida imposible.
Con el acuerdo en Líbano, Israel ha conseguido desconectarlo de la situación en Gaza, a pesar de que Hizbulah inició sus operaciones en solidaridad con los palestinos.
El presidente de EEUU, Joe Biden, aseguró que hará otro intento con varios países para lograr un alto el fuego en Gaza, pero hasta ahora Israel ha marcado su propia agenda saboteando cualquier acuerdo.
Entre la exhausta población palestina, algunos valoran la aportación que Líbano y los grupos de resistencia han hecho y se alegran del alto el fuego, pero otros lamentan quedarse aún más solos. «Estoy contento por Líbano y su gente. Ellos no tendrían que sufrir lo que nosotros, asesinatos, dolor, desplazamientos y la destrucción de todo, incluso vidas humanas. También tengo miedo por mis hijos y por mí ahora. Israel llevará todos su fuerza militar de vuelta a Gaza. Los planes que hemos oído sobre la partición de Gaza, los asentamientos y la toma de control me rompen el corazón», afirma Ahmed Abu Hamid, de 38 años, en las calles de Deir al-Balah. «Líbano traicionó la promesa que nos había hecho Nasrallah», se queja con rabia Moamen Abu al-Qaraa mientras busca harina para sus hijos.

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