Alarmante
Cuesta medir los asuntos culturales fuera de los valores que imperan en la sociedad en la que se producen y desarrollan. Quienes mantenemos un cierto espíritu romántico, quienes todavía creemos que escribir una novela, pintar un cuadro, hacer una obra de teatro, una película, un concierto o bailar una nueva coreografía debe ser visto, contemplado, valorado con criterios más allá de su repercusión económica directa, acabamos siempre chocando con la tozuda realidad.
Es imposible establecer valores en todos los rubros que intervienen en los procesos que escapen a la cuantía de dinero del que se dispone, su buena distribución en todos los elementos que configuran ese hecho cultural y después enfrentado a la vida pública ver qué repuesta cuantificable tiene ese libro, esa obra o esa sinfonía. Hubo momentos históricos en los que por un conjunto de circunstancias socio-políticas exitió mucho más espacio para los sueños, para lo perecedero, para lo inconcluso lo apuntaba al mañana. Pero en estas convulsiones políticas y económicas globales que nos atenazan, me temo que en la vida cultural es donde aparecen las teorías más coercitivas, las más complacientes con el capitalismo rampante. Todo se mide, se pesa, se valora con simples reglas de tres y atentos a las cuentas de resultados sin importar ni atender a su valor cultural específico. Se pierde todo halo poético. Se esfuma la inspiración. Manda el Excel frente al folio en blanco.

«Elektronika zuzenean eskaintzeko aukera izango dugu orain»

«Gizarte aldaketa handi bat» eskatu du euskararen komunitateak

ASKE TOMA EL TESTIGO DEL HATORTXU EN ATARRABIA

Un ertzaina fue jefe de Seguridad de Osakidetza con documentación falsa
