Nos complicará la existencia
Estas últimas semanas, muchas personas activas en redes se han dedicado a convertir sus fotos en imágenes manga japonesas. No es un fenómeno nuevo, ya asistimos hace unos años al descubrimiento del filtro del envejecimiento (como si no fuera suficiente la tortura publicitaria a la que nos someten con anuncios sobre cómo ser seres perfectos, etéreos y jóvenes). Simultáneamente, usuarios de Twitter se dedican a hacerle todo tipo de preguntas a Grok, la inteligencia artificial de la red social de Elon Musk y cederle a este sus datos. Es de Perogrullo decir que cuando utilizas las herramientas estás permitiendo que sus empresas tengan y utilicen tus datos. Al respirar, prácticamente, ya hay alguien que analiza nuestro aliento para después vendernos enjuagues bucales. Sin embargo, se nos escapa otro de los resultados negativos de la popularización del uso de herramientas de chat IA (que decir, del expolio de trabajo e ideas, control antidemocrático y todo lo que se os ocurra). Ese impacto reside en los efectos del incontrolable gasto energético que se realiza cuando lo usamos para pasar el rato o realizar tareas que podríamos hacer por nosotras mismas. Ekaitz Cancela, experto en inteligencia artificial y tecno-política en la Universitat Oberta de Catalunya, advierte que «el gasto que se genera en las actualizaciones, en la última, la que dio paso a la versión 3 de la IA se consumió la energía correspondiente al consumo medio de una vivienda en España en 23 años». Llegan tiempos inciertos, mantengámonos despiertas.

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