Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
SEPTIEMBRE DICE

Inquietud visual con rumbo incierto

La ópera prima de Ariane Labed, “Septiembre dice”, es como meterse en una casa antigua llena de secretos, donde cada rincón susurra tensiones familiares y traumas no resueltos.

Es una de esas películas que desde el primer fotograma te hacen sentir que estás por ver algo que te dejará poso. Diría que tiene esa atmósfera densa, enrarecida, que promete intensidad emocional y hasta algo de incomodidad. Y en parte, lo logra. Pero también es cierto que al final, es una cinta que parece cargar con más peso del que puede sostener y se pierde en su propio simbolismo.

Narra la historia de dos hermanas inseparables pero con mentalidades opuestas que mantienen un vínculo al límite de la relación tóxica. Durante unas vacaciones en la costa de Irlanda con su madre, el despertar sexual de una de ellas empezará a romper esa unión.

La atmósfera es perturbadora, con ecos al cine de Lanthimos, y tiene un peso crucial en el tono de la película. Las actuaciones de Mia Tharia y Pascale Kann, como July y September, respectivamente, son también destacables. La dinámica entre ambas es una metáfora sobre la manipulación emocional, el trauma y la dependencia, que se va volviendo más oscura conforme avanza la historia.

Sin embargo, la película presenta ciertos altibajos. A medida que avanza la trama, la narrativa se vuelve algo dispersa, y algunos giros argumentales resultan forzados.

Es una ópera prima prometedora que revela la ambición de Ariane Labed como directora, pero también sus titubeos narrativos. Si bien logra construir una atmósfera inquietante y propone una reflexión interesante, termina cediendo ante su propia carga simbólica. Aun así, deja entrever una voz autoral interesante que, con mayor equilibrio entre forma y fondo, podría ofrecer trabajos aún más sólidos en el futuro.