Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

Cuando el guion es el acusado principal

La película “Presunción de inocencia” se inserta en el género del drama judicial, pero evita los convencionalismos de los thrillers jurídicos al centrarse más en la dimensión humana y moral de sus personajes. La idea de fondo es interesante: explorar los dilemas éticos de un abogado enfrentado a sus propias convicciones. El problema es que, aunque la intención es buena, la historia no logra estar a la altura de lo que promete. El desarrollo se queda corto y no termina de enganchar como debería.

Auteuil apuesta por un tono sobrio, casi austero, evitando el sensacionalismo típico de los dramas judiciales. Su estilo es más contemplativo que dramático, más de mirar hacia adentro que de armar escándalos en la sala. Y aunque eso le da cierta coherencia y elegancia visual, también le pasa factura: cuando la historia pierde ritmo, no hay nada que la levante. La intención de mostrar la justicia desde un lado más íntimo y realista es clara, pero sin un guion fuerte que la sostenga, la cosa se queda a medio camino.

El principal problema de la película reside en su escritura. Aunque parte de una base con mucho jugo, la forma en que está llevada al cine se queda bastante floja. Los diálogos no tienen garra, las escenas del juicio no enganchan ni generan emoción, y varios personajes, sobre todo los secundarios, están ahí como de relleno. Incluso temas trascendentales como la violencia de género o los crímenes machistas apenas se tocan y pasan casi de largo, sin la profundidad que merecen.

Es una la película demasiado lineal, sin altibajos ni momentos que realmente sacudan al espectador. Todo avanza de forma tan contenida y monótona que resulta difícil involucrarse emocionalmente o sentir que hay algo en juego. Al final, uno la ve desde fuera, sin llegar a engancharse con la historia ni con sus personajes.