Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
ESTOCOLMO 1520. EL REY TIRANO

Del baño de sangre al diluvio de clichés

Para quienes, con buen criterio, optan por ver las películas en V.O., resultará cuanto menos curioso comprobar que “Estocolmo 1520. El rey tirano”, pese a tratarse de una recreación de un episodio histórico totalmente sueco, ha sido rodada en... inglés.

Ahora bien, antes de que los puristas de la precisión histórica comiencen a hiperventilar, conviene recordar que el propio Mikael Håfström se ha encargado de advertirnos en cada entrevista que esta no es una lección de historia, sino más bien una interpretación libre del trágico episodio del Baño de Sangre de Estocolmo de 1520. El director se desmarca del tono acartonado que suele aquejar al género histórico y abraza, sin complejos, una puesta en escena estilizada, irreverente y salpicada de humor negro.

Hasta aquí, todo en orden: aplaudo la intención y celebro la osadía. El problema es que dicha apuesta estilística se convierte en un desfile estilizado de violencia gratuita, mientras la narrativa se deshilacha sin rumbo claro y los personajes tienen muy poca profundidad.

Lo histórico, en este caso, funciona más como telón de fondo que como columna vertebral. La película toma prestado un hecho real, pero rápidamente lo convierte en una excusa para desplegar una historia de venganza que parece sacada del baúl de clichés de cualquier maratón de acción de sábado por la noche.

Sería injusto decir que todo naufraga. El apartado visual se defiende con dignidad y la fotografía y el arte, por momentos, destacan mucho.

Hay películas que logran conjugar rigor histórico y creatividad artística con coherencia; “Estocolmo 1520. El rey tirano”, por desgracia, no es una de ellas.