Un síntoma más
Las segundas vueltas o balotaje es un sistema que comprime los votos hasta crearse situaciones de una complejidad que se asemeja en ciertos matices al surrealismo. Se trata de unirse contra alguien o algo. A veces funciona para salvarse por los pelos, pero también para hundirse por esos mismos pelos, la polarización es algo más que un concepto tertuliano, se trata de que siempre hay dos partes opuestas en las sociedades y que parecen imposibles de reconciliar debido a los excesos de una de las partes, la que ahora reducimos al llamar trumpista, pero que está llena de muchas capas y ancestrales frustraciones o quimeras.
Acaba de suceder en Polonia. Se estuvo hablando de empate técnico, pero al final ha ganado por muy poco Karol Nawrocki, el representante más ultranacionalista, euroescéptico y neoliberal a ultranza. Un síntoma más de los movimientos telúricos que está sufriendo de manera incuestionable la UE y que, de seguir con esta tendencia, en unos pocos años puede existir un vuelco absoluto en los principios democráticos con los que se formó y se desarrolló este club de países que parte de ellos se unifican con una moneda que, por ejemplo, no opera en Polonia, ni en Rumania, cosa que debe interpretarse también como un elemento discriminatorio dentro del todo.
Por todo ello, cuando Díaz Ayuso interviene en un mitin de su banda después de tomarse unas cañitas, muestra su vulgaridad y su poca solvencia, pero que no choca para nada con la excitación de Feijóo creyéndose todo lo que le cuentan sus asesores. Delirios demoscópicos que pronostican un caos.
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