De Londres a Bilbo, la gentrificación avanza imparable en su proceso desnaturalizador
Los orígenes de la gentrificación se pueden encontrar en Londres, en la década de los años 60, aunque hoy en día no encontramos ningún barrio que esté sin gentrificar. Esta es una de las conclusiones alcanzadas en la mesa redonda «Impactos y desafíos de la gentrificación» celebrada ayer en los cursos de verano de la EHU.

Aumento de los precios de la vivienda, destrucción del comercio de proximidad y monopolio de las grandes cadenas, desaparición del espacio público destinado al disfrute comunitario y descontextualización absoluta de la historia de los barrios. Estas son algunas de las consecuencias que acarrea la gentrificación, un proceso inseparable del crecimiento económico del que hace gala el capitalismo y que suele golpear a las clases bajas.
Sobre ello giró el coloquio «Impactos y desafíos de la gentrificación» celebrado ayer en Bizkaia Aretoa, dentro del XVI Encuentro Internacional de Cultura, Comunicación y Desarrollo de los Cursos de Verano de Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU). Para empezar, el antropólogo urbano y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona Jose Mansilla fue el encargado de explicar los pormenores del concepto «gentrificación», comenzando por su origen. Así, detalló que la primera en usar este término fue la socióloga alemana Ruth Glass, hace 60 años, para poner nombre al proceso de desplazamiento de la población del municipio londinense de Islington por parte del «gentry», la burguesía agraria inglesa que comenzaba a moverse a las ciudades.
En este sentido, el antropólogo quiso abordar el proceso de gentrificación desde una «perspectiva de clase». Si bien hace unos años nos venían a la cabeza ciudades como Londres o Nueva York cuando se hacía referencia a este fenómeno, ahora «ya lo tenemos aquí». En este sentido, aclaró que la gentrificación «no es una cuestión que afecta únicamente a la vivienda», sino también al uso del espacio público y a la homogeneización del tejido comercial. En este contexto, «las relaciones sociales acaban por ser mercantilizadas» y añadió que «no existen los barrios gentrificados; todos los barrios están en proceso de gentrificación».
A continuación, la profesora de EHU Iraide Fernández profundizó en cómo y a qué colectivos afecta principalmente la gentrificación. «Impacta según las variables sociodemográficas, es decir, el género, la edad, el origen, la clase social… Y es precisamente por ello que hace falta analizarlo con una mirada interseccional», subrayó. Así, dividió el desplazamiento poblacional que provoca el fenómeno en tres formas: el simbólico, «que desplaza hasta eliminar todo aquello que no forma parte de la foto de postal»; el directo, principalmente a través de la tensión residencial, y el indirecto, a través del cambio del tejido comercial del barrio.
El socio trabajador de Hiritik At Koop, Iker Eizagirre, partió de su experiencia personal en esa cooperativa para hablar de los procesos participativos, «un método que ayuda a democratizar más los espacios de la vida común».
Sobre la organización espacial del hábitat en las ciudades, valoró que «la ideología de las personas también está relacionada con el espacio en el que viven», atendiendo a sus prioridades. Por ello, defendió que, a través de los procesos de participación colectiva, «más que mejores espacios, se crean lugares significativos» en la vida de los vecinos.
LA «TURISTIFICACIÓN» DE BILBO
Previendo la deriva que tomaría más tarde Bilbo, hace ocho años nació SOS Alde Zaharra para «luchar contra la turistifiacación». Eritz Mendizabal, sociólogo y miembro del colectivo, detalló los problemas que afrontan los vecinos del barrio para quedarse en la que ha sido su casa. «Ahora mismo, la carga turística del Casco Viejo está en el 46,8%, casi a la mitad. Esto supone que, si somos 7.256 personas empadronadas, hay unas 3.350 camas destinadas al turismo, entre los 29 hoteles y las cerca de 300 viviendas turísticas, entre legales e ilegales», dijo el activista vecinal.
Sobre qué se puede hacer ante esta situación, reivindicó la necesidad de «organizarse colectivamente», y celebró que su mensaje esté calando: «Se ha puesto sobre la mesa que el turismo significa un problema para Bilbo». Para acabar, avisó que esta problemática no se limita a Alde Zaharra y que se va a extender «por toda la ciudad», siguiendo la lógica de «crecer, crecer y crecer». «El decrecimiento les da pavor», sentenció aludiendo a las administraciones.

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