La Serbia de Jokic, a romper una sequía de 24 años sin un oro en el Eurobasket
La Alemania de Schröder y Franz Wagner, vigente campeona del mundo, la Eslovenia de Doncic, la Grecia de Antetokounmpo y una Francia sin Wembanyama, Fournier ni Gobert son los favoritos para suceder a la selección española en el palmarés.

La última vez que Serbia, incluyendo a montenegrinos y bajo la añeja nomenclatura de Yugoslavia, ganó un oro en un Eurobasket fue en 2001, con Dejan Bodiroga y Pedja Stojakovic como principales estrellas. Luego vendría el oro en el Mundial de 2002, pero desde entonces, la selección «plavi», aunque lejos está de los días oscuros como aquel Eurobasket de 2005 en Serbia con los jugadores NBA y los Euroliga enfrentándose a puñetazos en el vestuario, no ha vuelto a subir a lo más alto del cajón.
Hay bronces y platas en su palmarés, pero desde la irrupción de Nikola Jokic como estrella a nivel mundial, con el anillo de la NBA de la temporada 2022/23 como culmen de esa consideración, Serbia echa de menos volver enjaezarse de oro. En los pasados Juegos Olímpicos tuvieron a los Estados Unidos contra las cuerdas y Alemania le birló el oro en el mundial de 2023 a una Serbia sin su gran estrella. En el último Eurobasket, cuando los «plavi» parecían llamados al oro, la Italia de Pozzeco los apartó del camino en octavos.
Pero en el Eurobasket que arranca hoy y que tendrá en Riga su epicentro -aunque la primera fase se dipute en Finlandia, Chipre y Polonia, amén de la capital letona- hasta el próximo 14 de septiembre ha de suponer el retorno del combinado serbio a lo más alto del panorama continental.
Por falta de talento no será. Aparte de Jokic, Bogdan Bogdanovic, Vasilije Micic o Nikola Milutinov forman una columna vertebral sólida y de garantías, y Svetislav Pesic, mientras ninguno de sus famosos «ataques de entrenador» lo lleven a querer «inventar el baloncesto», parece que por fin ha encontrado la coexistencia armónica con sus estrellas. Su preparación ha ido según lo previsto y con una primera fase en el grupo A contra Portugal, Estonia, Letonia, Turquía y la República Checa parece un buen calentamiento, en especial ante Letones y otomanos, para llegar a los cruces en condiciones.
Mientras no se demuestre lo contrario, la Alemania que dirige Alex Mumbrú es la otra candidata al oro. El ex de Bilbao Basket se perderá el arranque de su selección al haber sido hospitalizado de urgencia debido a una infección aguda, pero la inercia de un conjunto que alcanzó la gloria mundial con Gordon Herbert en el banquillo no se va a detener por eso. Aun con la sensible baja de Moritz Wagner, la selección alemana solo ha aflojado en la preparación ante Serbia, con los Schröder, Franz Wagner y Daniel Theis manteniendo las inercias creadas hace años.
Con Mumbrú, Alemania ha acelerado todavía más su propuesta de juego, llegando a correr a la contra incluso después de recibir canasta, sabedor de que el fondo de armario teutón es extenso y que cuenta con especialistas en el triple como Obst o el exbaskonista Voigtmann capaces de ofrecer triples o intendencia, según necesidad. Sus rivales del grupo B en tierras finlandesas serán la Finlandia de Markkanen, Lituania, Suecia, Montenegro y Gran Bretaña.
AUSENCIAS Y HÉROES
Una vez más, las ausencias marcan un Eurobasket que, pese a todo, ha mantenido un cartel aceptable. Cierto es que una Francia con Fournier, Wembanyama y Gobert es más peligrosa, pero el paso adelante de los Sarr, Risacher o Maledon es innegable en un seleccionado que empieza una nueva era tras la marcha de Vincent Collet. Frédéric Fauthoux tiene la responsabilidad de hacer olvidar a un Collet que en sus 15 años de seleccionador ha dado empaque a una Francia que ha logrado sus mayores cotas: el oro del Eurobasket de 2013 y la plata olímpica.
Aparte de Wembanyama, hay otras ausencias notables como la de Domas Sabonis o Grigonis en Lituania, los alemanes Nick Weiler-Babb o un Isiah Hartenstein flamante ganador de la NBA con Oklahoma, el polaco Jeremy Sochan, el bosnio Dzanan Musa, los italianos Mannion o DiVincenzo, los españoles Juan Núñez, Usman Garuba o Hugo González. Todos ellos trastocan los planes de sus seleccionados, y en muchos casos, de forma decisiva.
En ese sentido, Serbia ha sabido hacer un equipo casi sin bajas y en el que no todo parece estar supeditado a lo que haga su estrella. Y ahí es donde cojean más otros equipos como puede ser Eslovenia, campeona en 2017, y la Grecia de Giannis Antetokounmpo.
Con la baja de Cancar y el tremendo lío que se ha armado en el seleccionado esloveno tras el descarte de Zoran Dragic, Eslovenia es casi exclusivamente lo que Doncic proponga. «El que se hace llamar entrenador -Aleksandr Sekulic- no tachó de su lista a Zoran. Ha sido él el que se ha marchado de ese circo que hay allí montado». Son palabras de Svetlana Dragic, esposa del exjugador de Bilbao Basket, en una Eslovenia que vuelve a llamar a Alen Omic para tapar sus carencias en la pintura. Islandia, Francia, Polonia, Bélgica y la «intocable» Israel tiene más trampa de lo que parece en el grupo D.
En Grecia, Antetokounmpo seguirá lidiando con la falta de espacios por las carencias de su seleccionado en el tiro. La última medalla del combinado heleno es el bronce del Eurobasket 2009. Reenganchar a Sloukas y a Tyler Dorsey les dará tiro exterior a los pupilos de Spanoulis, y su primera fase en el grupo C ante España, Italia, Georgia, Chipre y Bosnia le dan opciones para avanzar hasta semifinales evitando a Serbia.
Lo que sí parece claro es que habrá un nuevo campeón. Scariolo se despide del cargo de seleccionador español y bastante milagro obró con el oro de 2022. Habrá que ver si Serbia hace valer esta oportunidad.

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