Música de ascensor
Estoy de David Uclés hasta el gorro. No me imagino a Flaubert, Dostoievski, Joyce, Kafka, Woolf, Proust, Faulkner, Rulfo, Onetti…firmando libros ni desfilando por los masmedia, y mucho menos exhibiéndose en las redes sociales esas. Desde que las finanzas se adueñaron de la literatura, los escritores se han convertido en narcisos propagandistas de sí mismos.
Bioy afirmó una vez que él era “escritor por escrito”; y es que hogaño los escritores han de ser simpáticos, seductores, poseer don de gentes y pico de oro. Onetti diferenciaba entre los que quieren ser escritores y los que quieren escribir; los primeros suelen estar obcecados en que nos enteremos que escriben, ávidos por incorporarse al ensordecedor ruido. Los segundos tienden a trabajar al margen, en la sombra, a contracorriente, sin concesiones al lector; saben que una idea clara nunca es superior a una duda, e incluso a un error.
Un admirador le pidió a Rulfo en una ocasión: “Tiene que publicar más libros, don Juan”, “¿Más? ¡Si ya tengo dos!”, exclamó Rulfo. Y es que gente así, propensa al silencio -como escribió Juan Tallón-, proporciona mucha compañía. Mientras, la mayoría están a un paso de convertirse en música de ascensor. Ruido de fondo.

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