Interview
Angel Unzu y Txuma Murugarren
Guitarrista y vocal

«Las pequeñas historias son las que nos hacen ser lo que somos»

No era muy imaginable una cooperación artística entre el guitarrista y compositor Angel Unzu y el intérprete y letrista Txuma Murugarren, quizá por la distancia. Escuchado «14 abesti eta hamahiru istorio txiki», con sus canciones de colores, ambientes, pieles, olores, belleza..., emparejados con tanta naturalidad, solo queda mentir: «Si es que se veía venir». Y llegó.

Txuma Murugarren reside en Sopuerta (es nativo de Errentería), pero no pregunten en el pueblo por su casa si deciden visitarle, ya que prefirió aislarse en una caserío monte arriba y con escasos vecinos. Que nadie espere, no obstante, encontrarle de baserritarra en un pequeño terreno que tiene al lado de la casa, Murugarren ni siembra ni planta, en todo caso barbacoa y unas canciones para todo el músico que quiera acercarse para pasar un buen rato entre la naturaleza y las canciones que caigan. Si resulta pedagógico en la charla, se le avisa y se le dice que se olvide, que hoy no toca clase. Y es que Murugarren no se gana la vida con la música, sino trabajando de irakasle. Por fortuna ya no tiene que pegarse un viaje eterno cada día para impartir clase. Ahora su aula está en Aranguren, un pueblo también en Enkarterriak y que está a poco más de veinte minutos, quince en verano si uno no se distrae entre el verde y algún pájaro de cuneta. Por si fuese prudente recordarlo, Murugarren estuvo al frente de Sasoi Ilunak (Ortuella) desde finales de los ochenta hasta ver casi el año 2000. Suenan sus tres discos en el aire de esta. Más atrás fue un chico de maqueta con una banda llamada Tak Ahula y desde hace tiempo le rinde cuenta a sus seis discos en solitario. Parece que después de esta etapa le tocaba realizar una cata en formato dúo, donde él pone lo mejor de su voz: el tono grueso con raspe, la delicadeza, ductibilidad, sentido melódico y swing sea el estilo que sea.

A Ángel Unzu es posible que no le quede por probar ningún tipo de formación, ya que su guitarra ha conocido la soledad discográfica en 1996 con «13 solos» y dos discos posteriores. Además, ha participado, de una u otra manera, como ejecutante, productor o arreglista en más de cien discos. Una bestia, por mucho que disfrace su cara de tierna y cálida mirada. Es acuario, de febrero, nacido en Iruñea y trasladado de niño por su familia a Hernani y Donostia posteriormente. Ha estudiado guitarra con nombres nobles, maestros, y también por cuenta propia, hincando codos o yemas de los dedos. Sus amplios recursos estilísticos, maneras de digitar, su técnica e imaginación quedan dibujadas en Ganbara (grupo folk del que fue cofundador en el inicio de los ochenta). Posteriormente su nombre se expande como el polen con el viento: Benito Lertxundi, Jabier Muguruza, Oreka TX, Iker Goenaga, Alaitz eta Maider, Anje Duhalde, Olatz Zugasti, Amaia Zubiria, Gontzal Mendibil, Iñaki Salvador, Kepa Junkera (haciendo giras por todo el Estado, Europa, Japón y EEUU.), Amaia Zubiría, Diego Vasallo, Alex Ubago, Erramun Martikorena, Mikel Marquez, Markeliñe, Tanttaka Teatroa, Orain, In Fraganti, colaboraciones con la OSE.... Ha estudiado (cursos de perfeccionamiento con Ralph Towner, Pat Metheny, Egberto Gismonti...) y tocado tanto que se entiende su hermetismo al hablar de otros guitarristas, con él ya tiene bastante: «Sería una locura buscar inspiración en otros guitarristas, hay tantos y de tantas tendencias...».

En «14 abesti eta hamahiru istorio txiki» (Gaztelupeko Hotsak) se puede escuchar rock, pop, sonido jazzy, fusión, setentas, algo de progresivo, aires brasileños... Es casi como la historia de la música.

Angel Unzu: En una de nuestras primeras conversaciones [con Txuma Murugarren] coincidimos en buscar para este disco un sonido sucio [exagera, que se escucha con placidez] así que ese fue el inicio. Lo demás viene por añadidura. ¿Sonido jazzy?, claro, me gusta el jazz. ¿Sonido de los setenta?, lógico, empecé a tocar y a escuchar música en los setenta. ¿Fusión y progresivo?, es lo que se hacía entonces y de lo que mamé. ¿Toque brasileño?, es habitual, siempre se me mete lo brasileño en la cocina sin llamar, sin pretenderlo. ¿Rock? bueno, es el propósito de este disco. Al final uno va almacenando gustos de los que echa mano cuando se necesitan.

Sonido más rudo de lo habitual en usted, acostumbrado a las guitarra limpias, incluso de cuerdas de nylon.

A.U.: Llevo muchos más años trabajando con el sonido acústico: guitarras acústicas, clásicas, bouzukis (instrumento de cuerda griego) e incluso percusiones. Siempre me he sentido más cómodo con ese sonido porque no hay interferencias externas; es decir, no hay amplificación, pedales etc. El control que uno ejerce sobre su instrumento es muy directo, nace en los dedos y termina en la cuerda pulsada. Como dice un amigo, es el sonido más noble, no engaña. Dicho todo esto, confieso que he retomado el sonido eléctrico (digo retomado porque ya lo utilicé en el pasado) para este disco con mucho gusto y disfrute. Guitarras limpias, saturadas o con ese leve grano que araña. En este disco, como te decía, he querido sonar «sucio» y ha sido importante la ayuda del técnico de sonido Xanpe para encontrar el sonido adecuado.

¿Despersonaliza tocar con gente tan variada?

A.U.: Exactamente. En estos años de colaborador he grabado cuatro discos a mi nombre y actuado internacionalmente con mi concierto para guitarra sola. Cuando esto te satisface abordas con más entrega el participar como acompañante..

¿Componer es lo más divertido de todo esto? ¿Después arreglar? ¿O podría ser al revés, cuando toca vestir?

A.U.: Siempre he sentido que componer es cualquier cosa menos divertido, vivo mal este proceso, excepto en este disco. Quizá porque desde un principio quise buscar la frescura sin detenerme en hacer algo demasiado complejo que pudiera entorpecer o enfriar esa espontaneidad. Así que componer estuvo bien. Asimismo fue muy excitante recibir las primeras letras de Txuma y ver qué decían, qué imágenes ofrecía y luego cómo encajaban en las melodías. También grabar ha sido agradable, buen ambiente, cero discusiones y disfrutando de la participación de todos.

¿La sección de ritmo es de Zarautz, del grupo Buffalo, cómo les conoce...?

A.U.: Sabía de la existencia del trío. Joanes (bajista) y Ander Ederra son hijos de un amigo y a David Gorospe (batería) le había visto y oído tocar en conciertos de nivel cuando solo tenía 12 años. Fui a ver al trío a un concierto sin ninguna intención previa, tan solo por disfrutar y me encontré con una poderosa formación, elegante y sólida, así que al momento pensé en ellos como músicos para este disco. Han participado Joanes y David y ha sido todo un acierto... buenos músicos, buen sonido y buena actitud. Además de ellos ha grabado al elegante y cálido piano, Rafa Aceves, un músico habitual en la banda de Txuma.

Las composiciones tienen ya algún tiempo, por lo que cabe pensar que no se imaginaron para .

A.U.: Cuando hice las canciones aún no sabía quien las iba a cantar. Componer significa crear una melodía, no solo el acompañamiento. Una vez creado el tándem le entregué a Txuma unas melodías concretas y definidas sobre las que tuvo que escribir y más tarde cantar. Me parece que él se ha llevado la parte complicada del proyecto precisamente por esto, por verse obligado a escribir un texto con una métrica definida y cerrada a la que respetar, y luego, obligado a cantar unos giros melódicos que quizá el no hubiera creado. Ahora puedo decir que sus textos y su voz es lo más adecuada para estas canciones y, sin duda, las ha engrandecido. Tengo suerte de tocar con él.

Esta colaboración viene de largo, no es una charla de ayer.

Txuma Murugarren: Así es. Nos conocimos en Oiartzun, en un concierto que estaba dando con mi primer disco en solitario. Él estaba allí y después estuvimos charlando del proyecto que tenía. Luego lo hablamos con más seriedad en Bilbo.

Explicar los títulos resulta pesado para el artista, pero este sugiere demasiado como para obviarlo.

T.M.: Las pequeñas historias son las que nos hacen ser lo que somos. Una tras otra nos influyen y modelan. Creo en la brevedad como medio de expresión eficaz. Además en estos tiempos con sobredosis de información hay que llegar con pocas palabras, en poco tiempo, o sino la vorágine te absorbe para siempre, todo tiende a esquematizarse. Aparte de la visión práctica del asunto, estilísticamente también me atrae la brevedad, la concisión. Me resulta mucho más interesante que un desarrollo pormenorizado. Vamos, me gusta más el plátano de la Velvet que las portadas que hacía Roger Dean para Yes..

¿Con composiciones ajenas es más complejo inspirarse letrísticamente?

T.M.: Es otro método de trabajo, yo siempre lo he hecho a la inversa, primero las letras y luego musicar esos textos. Alguna vez, para cosas puntuales, si que había hecho letras sobre melodías ya cerradas, pero no todo un disco. Ese ha sido el reto, hacer algo interesante sobre una métrica establecida.

Cabe imaginar que según la composición, le iría más o menos un tipo de letra, lo cual, de alguna forma, podría condicionar el contenido.

T.M.: Los temas respiran un cierto ambiente y eso condiciona más que el contenido la manera en la que vas a tratar ese contenido. Y en este disco el ambiente que se respira es optimismo. Por eso las letras también, a pesar de contar historias un poco límite, no son historias depresivas. Creo que hay mucha ironía en las letras [Cuidadas, meritorias y adictivas].

Con pagada directa van «Egun berrian», «Bidaia etengabea», «Joanak joan», «Argazkiak galdu ditut». El resto , como la jazzy, «Bihotza unaturik» exigen una segunda vuelta a la que el actual renuncia por la mala praxis, como las radios.

T.M.: Las que tienen una clara influencia pop-rock son las más manejables para el público, no cabe duda, es la costumbre. ¿Te acuerdas que antes teníamos el mito de que los discos que entraban en escuchas posteriores eran mejores? Entonces dedicábamos más tiempo a cada disco. Me da pena que las canciones, no voy a decir mejores, pero sí más especiales, del disco se queden sin tener una oportunidad.