Karlos ZURUTUZA Madrid

España da la espalda a sus traductores afganos

Decenas de intérpretes quedan abandonados a su suerte tras las retirada de las tropas españolas de Afganistán el pasado año 2013.

Gulam vistió durante tres años el uniforme del Ejército español como traductor. Pero desde que las tropas españolas se retiraran de Afganistán en 2013, este joven de 23 años vive en la clandestinidad por pura supervivencia. Y son 40 en su misma situación.

«Estamos aterrorizados por las amenazas de muerte de los talibanes. Nos acusan de haber colaborado con los invasores, de apóstatas y traidores», explica a GARA, vía telefónica este licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Kabul. Al igual que sus compañeros, prefiere no dar su nombre completo por razones de seguridad.

El Ministerio de Defensa español despidió a los primeros intérpretes afganos en febrero y marzo de 2013, cuando los militares españoles se replegaron de dos puestos avanzados de combate que tenían en las localidades de Ludina y Moqur, en la provincia noroccidental de Badghis. La mayoría de traductores son jóvenes de entre 20 y 25 años que vivían en la capital provincial, Qala-e-now, y que habían aprendido español en cursos que los propios militares impartieron en la zona porque necesitaban intérpretes.

El pasado 2 de setiembre Defensa se deshizo de otro grupo de intérpretes trasladándolos a Kabul en un vuelo militar, a pesar de que sólo uno es de allí. La mayoría son originarios de otras provincias de Afganistán, pero no pueden regresar a ellas porque se trata de zonas rurales, muchas de ellas bajo control de la oposición, donde todo el mundo sabe que han trabajado para las tropas extranjeras y se les considera colaboracionistas. Así, varios intérpretes quedaron abandonados en la capital afgana y sin saber dónde alojarse.

Cuando fueron reclutados por los militares muchos de ellos estudiaban Filología Hispánica en la Universidad de Kabul y vivían en la residencia del campus, pero ahora no pueden regresar porque ya no son estudiantes.

El último grupo de intérpretes fue despedido el 25 de setiembre, cuando los efectivos españoles se replegaron definitivamente de Qala-e-now.

Dada su condición de exintérpretes de las tropas españolas y teniendo en cuenta que las directrices del ACNUR de 2013 los considera un «colectivo bajo un alto riesgo de amenazas ataques directos», el 25 de setiembre los traductores solicitaron de manera formal un visado al Estado español por razones humanitarias. La Embajada aceptó la documentación pero se negó a facilitar un resguardo a los intérpretes, cosa que los sitúa en una situación de total indefensión ya que no disponen de ningún comprobante que demuestre que presentaron esa documentación.

«Durante estos cuatro últimos meses hemos acudido decenas de veces a la Embajada preguntando por nuestra solicitud pero sólo nos dejan hablar con el traductor», indica Gulam. «La respuesta es siempre la misma: `no hemos recibido ninguna notificación de Madrid'», agrega.

Repetidas llamadas y e-mails de este medio a dicha Embajada no obtuvieron respuesta alguna.

Campaña de presión

En setiembre de 2013, diversos medios de comunicación españoles se hicieron eco de esta situación. El abogado Arsenio García Cores se ofreció a asesorar de forma voluntaria a los intérpretes cuando las primeras noticias aparecieron en la prensa. Por otra parte, mediante una campaña a través de change.org, y en tan sólo dos semanas, se recogieron más de 66.000 firmas de apoyo para que el Gobierno español conceda asilo a los intérpretes.

Ana Ballesteros, promotora de la campaña y especialista en Asia escribió una carta al rey español para que intercediera en el asunto, mientras que el abogado presentó una queja al Defensor del Pueblo dada la irregularidad en la que incurre la Embajada española en Kabul al negarse a facilitar resguardo a los traductores. ACNUR España también se puso en contacto con el Gobierno, manifestando su preocupación por la situación de vulnerabilidad de los intérpretes.

Ante esta situación, el Ministerio de Defensa aseguró disponer de un plan de acogida para ayudar a los extrabajadores afganos de las tropas españolas que se encuentran en riesgo. Tras enterarse, por la prensa, de la propuesta de Defensa, el 19 de octubre los 40 traductores también presentaron una carta en la Agregaduría de Defensa en Kabul (la representación del Ministerio de Defensa español en la capital afgana), solicitando acogerse a dicho plan.

Pero en espera de una respuesta que no acaba de llegar, la ansiedad generada por el mutismo de Madrid ha llevado a dos de ellos a huir del país. Desde Turquía, Mumtaz y Sanjar aseguran haber pedido asilo en el Consulado de España en Estambul.

«Hemos presentado toda la documentación pero seguimos sin recibir respuesta alguna», transmite Mumtaz a GARA, quien teme caer en un limbo legal cuando su visado turco de tres meses expire.

Mumtaz es originario de la peligrosa provincia de Logar, al este del país. Fue traductor de las tropas españolas entre 2010 y 2013 e incluso ayudó a evacuar a un soldado español herido en 2012. Su hermano trabajó de intérprete para las tropas de EEUU y está en Washington desde el pasado diciembre, gracias a un visado concedido a él y su esposa por el trabajo y los riesgos asumidos.

El 18 de diciembre el ministro de Defensa, Pedro Morenés, compareció en el Congreso de los Diputados y, ante la pregunta de diversos grupos parlamentarios sobre la situación de los traductores, volvió a insistir en que Defensa «tiene un plan de acogida desde el pasado mes de marzo».

Desde el Ministerio de Defensa, su director de comunicación, Diego Mazón informa a GARA de que son más de mil los afganos que han trabajado para el contingente español y que es «imposible ayudar a todos». En cualquier caso, dicho organismo aseguró haber trasladado una «recomendación para expedir 28 visados y 22 indemnizaciones» al Ministerio de Exteriores español en diciembre de 2013, subrayando que la decisión debía adoptarla este último.

Pero Exteriores rechaza hacer ninguna declaración al respecto a este periodista alegando que se trata de un tema «pilotado exclusivamente por el Ministerio de Defensa».

Morir «como un perro»

Mientras Madrid decide qué hacer con sus antiguos empleados, Washington tiene previsto conceder visados a un total de 2.500 intérpretes y sus familias, y 600 el Gobierno británico, el cual, según una nota de la Embajada británica, invertirá 55 millones de libras (88 millones de euros) para que los empleados afganos que permanezcan en el país puedan acceder a cursos de formación que les garanticen una salida laboral. Noruega ha concedido asilo a 21 de sus 50 traductores y Nueva Zelanda a 19, a pesar de que sólo contaba con 150 soldados en el país, y desplegados en la provincia de Bamiyán, considerada la más segura.

Rahimi, intérprete entre 2008 y 2013, dice lamentar profundamente «no haber trabajado para cualquier otro contingente». Insatisfecho con la escasa capacidad de sus profesores, este estudiante de Filología Inglesa confiesa que vio una oportunidad de aprender un nuevo idioma con las tropas españolas.

En 2014 habla castellano perfectamente. pero no es esa línea en su currículum vitae lo que le ayudará a resolver su futuro a corto plazo.

«Los talibán quemaron mi casa y me han enviado varias misivas acusándome de ser `un infiel que ha trabajado para el enemigo'. Dicen que me matarán como a un perro en cuanto me encuentren», asegura este afgano natural de Herat, hoy obligado a cambiar constantemente de residencia.

El pasado 24 de noviembre un intérprete fue asesinado en la provincia de Kunduz, en el norte de Afganistán, por trabajar para las tropas alemanas. Su cuerpo apareció en un vehículo con una bolsa de plástico en la cabeza y las manos atadas a la espalda con cables. Había sido estrangulado. Se da la circunstancia de que el joven iba a viajar en breve a Alemania, ya que era uno de los 184 traductores y trabajadores de las tropas alemanas a los que el Gobierno germano tiene previsto dar asilo. Pero el visado llegó tarde.