J.C.E.
3º y 4º PUESTO

La cuarta vez que se juegan una medalla

Las imágenes de la derrota de España ante Francia, amplificadas y/o interpretadas por los comentarios televisivos, sugerían que la selección hispana quedaba fuera de su territorio natural, el de disputar las finales de los campeonatos, tomándolo como punto de partida para fantasear sobre la actitud con la que encararía la pelea por el bronce ante Croacia tras semejante varapalo.

Pero la historia del balonmano es tozuda y, aunque España es una de las selecciones más relevantes de las dos últimas décadas, lo cierto es que disputó su primera final en el Europeo de 1996 -que se celebró en España-, y ganó su primera final en el Mundial 2005, en Túnez.

Con los datos en la mano, en las 45 finales del máximo nivel que se han disputado desde 1938 (23 Mundiales, 11 torneos olímpicos y, con este, 11 Europeos), la selección española ha estado presente en 5. Suecia encebeza el ranking con 15, entre la URSS y su «sucesora» Rusia 14, las diferentes selecciones alemanas 12 (contando RFA y RDA), Francia 10, Croacia -en su corta trayectoria como país independiente, desde 1991- ya lleva 9, y España iguala con 5 las finales de Rumania y Dinamarca.

La de hoy será la cuarta ocasión en que ambas selecciones se enfrenten con una medalla en juego. En las dos primeras España se llevó el oro -en el Mundial de Túnez 2005- y el bronce -en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008-. En el último Europeo, en Serbia 2012, Croacia se quedaba con el bronce.

Lejos de especular sobre el nivel de depresión con que llegará cada equipo al partido de hoy (15.00, Stark y Stefan -ROU-, TDP), Julen Aginagalde -quizá mosqueado por el ambiente del vestuario tras la derrota- zanjaba el debate a través de su Twitter con una genialidad tras el partido: «Vamos a dejarnos de ostias, el bronce se empieza a ganar desde ahora. A levantar cabeza y que pase el siguiente».

El siguiente es Croacia, con Duvnjak y Kopljar como argumentos ofensivos más relevantes, pero tan flojo -o más- en la portería como España, que tiene en Cañellas y Aginagalde a sus dos valores más sólidos.