La homosexualidad dentro de una familia disfuncional

El nuevo documental de Ventura Pons trae consigo el debate sobre si un personaje justifica por sí mismo una película, sin necesidad de excusas argumentales u otros recursos narrativos. «Ignasi M.» hace realidad la conocida idea de que tal o cual personaje tiene un documental, porque la vida diaria de alguien con tanto carisma como Ignasi Millet Bonaventura da para llevarla a la pantalla en un largometraje. El estreno comercial de este tipo de productos reúne el suficiente interés para atraer a un público que, aunque no llegue a ser tan mayoritario como el de la ficción, va creciendo de forma regular en los últimos años con el propio género.
Ventura Pons no se acaba de apuntar al documentalismo que recoge esta tendencia del protagonismo individual, y conviene recordar que debutó en 1978 con «Ocaña, retrato intermitente». Volvería por segunda vez sobre ella en 2002 con «El gran Gato», por lo que «Ignasi M.» guarda una total coherencia con dicho importante apartado dentro de su ya extensa filmografía. En las tres ocasiones se ha ido a fijar en tipos muy representativos de la cultura urbana en Catalunya, y todos ellos relacionados con la actividad artística.
Ignasi Millet Bonaventura no es pintor como Ocaña, ni tampoco músico y cantante como el Gato Pérez, pero es restaurador de arte y museólogo. Esto le dota de una especial sensibilidad, a la que Ventura Pons se acerca desde la amistad que les une en lo personal.
El cineasta catalán pretende, no obstante, dar a conocer a una víctima de la crisis económica actual que resulta ejemplar en su forma de encarar la situación con humor e ironía. De haber optado por la guionización ficcional lo que el protagonista cuenta equivaldría, sin duda, a un dramón. Pero no, todo es transmitido tal como este hombre lo vive, con un colorido muy anímicamente contagioso. El color está en la libertad al vestir, pero también en las pastillas que ha de tomar a todas horas como seropositivo que es. Nos presenta a su familia disfuncional, en la que su homosexualidad encaja desde la biodiversidad social, no sin discusiones paternofiliales de por medio.

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