Gracias Pedro J.
(...) Lo primero que uno aprende de los apóstoles de la libertad de expresión es que jamás son despedidos por mala gestión o por llevar a la quiebra técnica a sus medios con sus decisiones disparatadas sino por turbias conspiraciones (...). No se le destituyó de la dirección de Diario 16 por llamar capullo en un editorial al fallecido Jorge Semprún, que curiosamente cenaba ese día con el dueño del periódico (...).
La razón del despido fue su implacable investigación sobre los GAL y los crímenes de Estado (...). Esto es lo que los lectores de Diario 16 pudieron leer en su editorial del 23 de marzo de 1981: «La lucha contra ETA debe practicarse como una campaña de desratización, aplicando una serie de técnicas tan viejas como la historia misma del mundo. O acabamos con la plaga o la plaga acabará con aquello en cuanto creemos». ¿Instigaba nuestro héroe la guerra sucia? Nunca. (...)
Nada hay más sólido que un cimbreante junco plantando cara al viento. Baluarte de la unidad de la patria, siempre al acecho ante cualquier intento por desmembrarla, el exdirector de El Mundo escribía esto en 1996 en las páginas de la edición de Euskadi: «No somos un periódico independentista, pero defendemos el inalienable derecho de autodeterminación de los pueblos y nada tendríamos que oponer si limpia y democráticamente el País Vasco optara un día por la separación del resto de España». ¿Y Cataluña? Qué quieren que les diga. La edición catalana llegó más tarde.
Los GAL, por cierto, siempre la tuvieron tomada con este hombre. Su reacción tras la detestable operación que le convirtió en protagonista de una película porno de gran disfusión fue declararse su víctima 29, un mazazo del que no tardó en recuperarse gracias, entre otros, al apoyo del matrimonio Aznar. (...)

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