«Rajoy en el país de las maravillas»: chiste de mal gusto, código de comunicación bien calculado
El Debate sobre el Estado de la Nación dejó ayer la imagen de un presidente español que parece que vive, como Alicia, en el país de las maravillas. «Se palpan los resultados, se confirma el acierto de las medidas y los sacrificios encuentran justificación», dijo al dibujar un Estado que está a punto de ir bien. Gracias al capitán Rajoy se ha cruzado el Cabo de Hornos, lo peor de la tempestad queda atrás, se abre una nueva etapa llena de esperanza y confianza, un horizonte que desborda optimismo. Con la que está cayendo, el discurso de Rajoy es un chiste de mal gusto. Pero su actitud responde a un código de comunicación bien calculado: sencillamente no habla de lo que no interesa y se abstrae de la realidad para colocar el debate en el escenario que le conviene. Nada, ni una sola mención a Euskal Herria, ni una palabra sobre la LOMCE, el aborto... solo mejora de la economía, bajada de impuestos como anzuelo electoral, referencias a Catalunya y a la corrupción.
El discurso no fue brillante pero sí efectivo, y no le faltará prensa aduladora para hacer de caja de resonancia. Rajoy cree que aunque la gente conozca la verdad y la cruda realidad, ello no le impide traficar con mentiras. Así se retrata.

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