#TxapeldunenLigara
Los rojiblancos fueron superiores en la primera mitad y sufrieron de manera innecesaria en la segunda.

LEVANTE 1
ATHLETIC 2
Cada mañana, en la sabana africana, una gacela se despierta; sabe que deberá correr más rápido que el león, o éste la matará. Cada mañana en la sabana africana, un león se despierta; sabe que deberá correr más rápido que la gacela, o morirá de hambre. Cada mañana, cuando sale el sol, y no importa si eres un león o una gacela, mejor será que te pongas a correr. La fábula le viene que ni pintada a los jugadores rojiblancos, necesitados, cada jornada, de ponerse a correr, se levanten ya sea como leones o como gacelas porque por detrás viene un Sevilla al que nadie había invitado pero que una prolongada racha de victorias le ha dejado a falta de seis partidos como único rival del Athletic para esa cuarta plaza de Champions.
Porque tras el trascendental y al final sufrido triunfo de anoche en el Ciutat de Valencia, los rojiblancos han descabalgado de la pugna a Real Sociedad y Villarreal, y con estos tres trabajados puntos ante un rácano Levante, los de Txingurri no hacen sino reforzarse en lo anímico y apuntalar sus opciones de jugar la próxima temporada entre los mejores del continente.
Los bilbainos dejaron el partido finiquitado en una primera mitad que respondió de inicio a lo que se preveía, un Athletic dominador, tratando de jugar y no rifar la pelota, presionando y robando muy arriba, y un conjunto de Joaquín Caparrós de esos que, como diría Jorge Valdano, se pasan el día hablando de lucha y garra y tienen poco que enseñar. Los granotas ni siquiera enseñaron los dientes, les bastó con mostrar los afilados tacos de su botas y dejarlos marcados a cada minuto en las canillas de los rojiblancos, como en el tobillo de Mikel Rico, que se retiró a la media hora de juego tras un entradón de Casadesús que no recibió amonestación y sí una palmada comprensiva del de Arrigorriaga cuando se fue del campo. El esguince sufrido en su tobillo derecho hace dudar de su presencia ante el Málaga en una semana.
Para entonces, el Athletic ya iba por delante en el marcador, gracias a un gol afortunado de Aduriz, que remachó la faena al filo del descanso con un cabezazo inapelable que puso el partido en franquicia. Nadie se acordaba ya del penalti marrado esta vez por San José en el minuto 12, cuyo chut ni siquiera vio puerta. Ernesto Valverde ironizaba en su día con aquello de que «cuando nos piten penalti lo vamos a cambiar por un córner», pero lo de los bilbainos desde los once metros ya pasa de castaño oscuro. Deberían ser conscientes de que, como dijo el último gran especialista Aitor Larrazabal, «todo el trabajo del colectivo pasa por tus botas» en ese instante.
Solo hubo un equipo en esa primera parte, un grupo solidario en el trabajo y enchufado en jugadores como Muniain, Susaeta, Aduriz, o el trabajo de recuperación de Rico y de contención de Iturraspe. Atrás, San José y el `debutante` Etxeita se bastaban sin agobios. Al Levante no le quedaba otra que tocar arrebato y lo hizo, tras el descanso, sin orden ni concierto, empujando, pero lo suficiente para que los Muniain, Herrera y Susaeta desaparecieran por minutos, Iturraspe olvidara su eficiencia en los pases y los granotas acortaran distancias con gol en propia puerta de un San José que como diría el escritor chileno Roberto Bolaño, «siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia».
Se complicó la vida de manera innecesaria el Athletic de un Valverde que se desgañitaba desde su área técnica, con problemas ahora para mover la pelota, fallón en los pases, tanto que Valverde dio entrada a Beñat a falta de un cuarto de hora, justo cuando Muniain tuvo el tercero de cabeza y despejó Keylor Navas, lo mismo que le hizo a Aduriz minutos después. Dos chispazos que no ocultaron las angustias finales de los bilbainos, jugando contra el cronómetro y ahí quien da cuerda al reloj para adelantarlo es como siempre Toquero, que tuvo sus minutos finales para terminar de amarrar la victoria, sufrida como cuando El Adoua chutó alto en el 90, sufrida como este final de Liga, pero merecida. Se angustiaba Valverde en banda, su Athletic, el aficionado, pero se ganó, que era lo único importante. Ahora sí, está en la mano. Está más cerca. Está ahí. #TxapeldunenLigara.

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