Iñigo Sáenz de Ugarte
eldiario.es, 2014/5/13
HEMEROTEKA

El ataúd y las urnas

Nada justifica la violencia, escuchamos estos días a los dirigentes políticos en relación al asesinato de la presidenta de la Diputación de León. Desde luego, es una obviedad. También habría que decir que nada justifica que los políticos y los periodistas palmeros intenten rentabilizar la muerte violenta de una persona para favorecer sus intereses personales y profesionales, o para cargar contra sus adversarios. Por alguna razón, instrumentalizar un asesinato para ajustar cuentas con los otros está justificado si defiendes los intereses del poder. (...)

Esta es una historia que comenzó hace bastante tiempo. Se inició cuando Cospedal calificó de «nazismo puro» la campaña de escraches contra dirigentes del PP. Los jueces, sin necesidad de hacer tanto alarde de ignorancia, decidieron que esas manifestaciones no eran punibles penalmente. Ese supuesto -espíritu totalitario» estaba protegido jurídicamente como un ejercicio del derecho a manifestación. (...)

Pocas horas después de que Isabel Carrasco recibiera varios tiros en una calle de León, algunos se lanzaron para culpar al «ambiente hostil» que sufren los políticos y en concreto a los escraches de haber creado el caldo de cultivo que al final había hecho posible el asesinato. No importó que ya hubiera dos personas detenidas sin ninguna relación con movimientos de izquierda o grupos que hayan hecho oposición al Gobierno. No importó que la policía contara que se trataba de una venganza personal impulsada por razones particulares que poco tenían que ver con la política (a menos que se considere parte normal de la política la asignación clientelista de empleos desde las diputaciones). No importó que durante la tarde se supo que una de las dos detenidas era militante del PP (...).

(...) que un comentario sea repugnante o censurable moral o políticamente no significa que tenga que ser perseguido penalmente. Al menos, en una democracia. En Arabia Saudí te castigan con cien latigazos (que no se entere Fernández Díaz, siempre dispuesto a confundir política y religión).

(...) «Hay que limpiar las redes de indeseables», dice el ministro de Interior. Que busque entre sus amigos y los sicarios de la pluma que intentan congraciarse con su partido.