El caos crea curiosos compañeros de cama, y en Irak acelera el acercamiento entre EEUU e Irán
El proverbio de origen árabe que dice que el enemigo de mi enemigo es mi amigo parece que se impone en medio del caos de Irak. Los archienemigos EEUU e Irán, enfrentados en Siria, nombrándose uno a otro el «eje del Mal» o el «Gran Satán», con el país persa sufriendo una guerra económica vía sanciones, vilipendiado por su programa nuclear para proteger los de Israel o Pakistán, parece que se necesitan uno a otro como nunca antes para hacer frente al avance de los yihadistas del ISIL en Irak. Han oficializado ya las conversaciones para ese fin y la urgente prioridad de frenar el avance del ISIL permite entrever una colaboración militar sobre el terreno. ¿A qué precio? ¿Con qué derivadas en los múltiples frentes abiertos entre ambos? Todo es posible en la realpolitik y la nueva atmósfera de colaboración.
Conviene, sin embargo, atender a los matices y no caer en las simplificaciones. Hacer del enemigo del enemigo un amigo es una estrategia no exenta de peligros y de riesgos. Más acorde, a veces, con la desesperación que con el ingenio político. Y puede volverse contra quienes la han pergeñado tan rápido como el enemigo común desaparezca o no represente ningún riesgo.

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