El nadador que se quedó en las canchas de baloncesto, o nadie quiere que Tim Duncan se retire
«¡Un año más!», «¡Un año más!», «¡El equipo y la ciudad son tuyas, no te vayas!», le decían a Tim Duncan los hinchas de los Spurs durante la fiesta de celebración del quinto anillo de la franquicia texana. Duncan hizo olvidar a Robinson, ¿pero quién haría olvidar a Duncan?

El finado Andrés Montes bautizó a este ala-pívot de 2,11 metros como Tim «Siglo XXI» Duncan. El miembro del Salón de la Fama en Springfield Bill Walton, en su condición de comentarista televisivo, se ha preguntado más de una vez «¿dónde se puede encontrar otro jugador con esa altura, esa velocidad y con esos fundamentos?». Cinco anillos de la NBA, amén del galardón de MVP en tres de las finales. Dos veces MVP de la temporada, 10 veces elegido en el mejor quinteto de la Liga y tres veces más en el segundo; 14 apariciones en el All Star Game... Una carrera que, con el quinto anillo aún reluciente, podría terminar ya, y en la cima.
Tras el anillo de 2003, el entonces comisionado David Stern soltaba una frase que coincidía hasta con el carácter del jugador nacido en las Islas Vírgenes. «Ha liderado al equipo campeón en puntos, rebotes, asistencias y tapones. ¿A quién si no podríamos darle el MVP?». Aquel año se ponía fin a la versión de los Spurs de las «Torres Gemelas», ya que «el Almirante» David Robinson ponía fin a su carrera. Si Robinson fue grande por sí solo, la llegada de aquel chico callado y espigado, que en su juventud iba para nadador hasta que el huracán Hugo de 1989 se llevó por delante la piscina olímpica de la isla de Sant Croix, lo hizo campeón.
Y la historia del basket lo hizo leyenda. Su altura y velocidad lo encumbran a un baloncesto moderno, así como su buen tiro desde media y larga distancia y su habilidad para el pase. Verlo en el poste bajo, preferiblemente el lado derecho, para girarse a su izquierda y soltar un gancho, o elegir el otro costado y lanzar en fade away en paralelo a la línea de fondo, y sobre todo esos tiros a tablero desde 45 grados, lo elevan a clásico de todos los tiempos, como si por sus manos pasaran tanto los grandes pívots de los años 50 como del tercer milenio.
Con 38 años, 17 de ellos consagrado a los Spurs y a Greg Popovich, su padre espiritual, Duncan ha sumado más minutos que nadie en play offs, superando a Kareem Abdul Jabbar, ha logrado más dobles figuras que Magic Johnson, y además ha sabido ser grande incluso cuando la edad y la pujanza de otros compañeros como Tony Parker o Kahwi Leonard han relegado al jugador franquicia de los Spurs a la condición de complemento de lujo: 15,4 puntos, 10 rebotes, 2 asistencias y 0,8 tapones por partido en los cinco partidos de la finalísima frente a los Miami Heat. Y lo que es más importante, un deseo en la mirada para «vengar» la derrota de la final de la pasada campaña. «Hace un año estábamos a 30 segundos del gran triunfo, pero se nos fue de las manos. Desde entonces, nos conjuramos de que nada estaba hecho hasta tenerlo en las manos», declaraba el propio Duncan antes del quinto partido de la final.
Esperanzas en que continúe
Así las cosas, no sorprende que la ciudad de San Antonio gritara continuamente durante la celebración «¡Un año más!» «¡Dos, tres, cinco, los que quieras! ¡La ciudad es tuya!». Duncan se hace de rogar hasta el día 24. «No estoy diciendo que vaya a seguir, pero tampoco que lo vaya a dejar», declaraba, enigmático, hace escasas fechas.
Sus compañeros se debaten entre el optimismo y el deseo. El más optimista, sin duda, es Tony Parker. «No tengo ninguna duda que Tim tendrá algún día que dejar de jugar, pero no será el próximo año, porque estoy convencido que defenderá con nosotros el título de campeones», afirmaba el francés, opinión a la que se sumaba Peter Holts, dueño de la franquicia. «Nuestro Big Three seguirá jugando hasta que se mueran».
Como siempre, Greg Popovich daba la imagen más irónica, y quizá más certera. «Tim quiere seguir jugando mientras se sienta útil. Hace todo lo que puede para mantener un nivel, pero en algún momento parará. Probablemente será en el tercer cuarto de algún partido fuera de casa. Sentirá que ya no es útil y se irá al vestuario».

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