La saudade de los portugueses residentes en París

En los premios del cine europeo «La cage dorée» se llevó el del Público, por reflejar de una manera amable y divertida la inmigración tradicional de los países del sur a los del norte dentro del viejo continente. La película es la ópera prima de Ruben Alves, hijo de inmigrantes portugueses nacido en París, que quiere contar la historia de sus padres, llevándola a la ficción en clave de comedia costumbrista.
Al igual que Carlos Iglesias en su díptico formado por «Un franco, 14 pesetas» y «2 francos, 40 pesetas», el debutante Ruben Alves se sirve de los estereotipos culturales ligados al fenómeno de la inmigración, y que han establecido unos roles sociales determinados a lo largo de los años. Como quiera que se trata de un matrimonio portugués que lleva ya tres décadas trabajando en París, la madre responde al extendido perfil de la portera del edificio, mientras que el marido, que es albañil, se dedica a los arreglos de ese inmueble en el que residen.
El inevitable sentimiento de saudade, que siempre está presente en la nostalgia cotidiana hacia las raíces, se dispara argumentalmente a consecuencia de la herencia de unos viñedos familiares en Oporto. La noticia crea un conflicto interno y otro externo. De un lado está el familiar y generacional, puesto que los hijos se han criado en el país de acogida y les cuesta regresar a una tierra que desconocen y les es extraña. Del otro el comunitario, ya que la vecindad se resiste a perder a unos empleados tan leales, que se han venido ocupando durante años de todos los problemas domésticos.
No faltan los tópicos del bacalhau, la copita de Oporto o los fados, con Amália Rodrigues poniendo la nota emotiva con su canción «Una casa portuguesa». Ni qué decir tiene que el personaje antipático de esta función coral es francófono, pero la actriz Nicole Croisille borda la caricatura prepotente de la odiosa Madame Reichert. Por contraste, tanto Joaquim De Almeida como Rita Blanco incorporan a una pareja de extranjeros sacrificados, pero que nunca han perdido la sonrisa y el buen trato con los demás.
Moreno y Lisci, dos trayectorias de menos a más en Osasuna

«Elektronika zuzenean eskaintzeko aukera izango dugu orain»

«Gizarte aldaketa handi bat» eskatu du euskararen komunitateak

ASKE TOMA EL TESTIGO DEL HATORTXU EN ATARRABIA
