Oligarquía: pocos, muy pocos
Hay definiciones tan concisas y claras al mismo tiempo que incitan a terminar el artículo casi antes de empezar a juntar letras. Busco «oligarquía» y me dan tres opciones; la primera: «gobierno de pocos». Si se me permite objetar tanta brevedad, yo añadiría una palabra para redondear: «gobierno de muy pocos». Y con un par de ejemplos verán que no estoy exagerando.
Hace apenas un mes fuimos llamados a las urnas un porrón y medio de ciudadanas y ciudadanos para dar formar al nuevo Parlamento Europeo. Más de la mitad de los electores optaron por no votar. Fueron elegidas 751 personas para ocupar sendos escaños en Estrasburgo «en representación» de los más de 500 millones que vivimos en el conjunto de la Unión Europea.
Pero como ya se había anunciado, la elección del nuevo presidente de la Comisión Europea -una especie de gobierno de gestión que no decide nada por sí mismo- ni siquiera la han hecho los 751 cargos electos que esta semana tomarán asiento en la Eurocámara, sino los 28 jefes de estado y gobierno reunidos en la cumbre que concluyó el jueves. Si alguien piensa que el elegido -Jean-Claude Juncker- no debería gustar por igual a los «conservadores» y a los «socialdemócratas», se equivoca. La designación fue por goleada (26-2) y, para más inri, quienes se opusieron son tan de derechas como el propio Juncker, o más.
Más cerca tenemos otro ejemplo de cómo la «representatividad democrática» va perdiendo su careta formal. Mañana mismo, si se cumplen los malos augurios, la Obra Social de BBK y la de Vital Kutxa pasarán a convertirse en fundaciones bancarias. Lo harán con el consenso de PNV, PP y PSE; también con el de Comisiones Obreras. Y ellos repartirán los sillones de los dos patronatos resultantes. Cada uno de esos órganos estará formado por apenas 15 personas y, se da por supuesto, no serán elegidas llamando a las urnas a todas las ciudadanas y ciudadanos de cada herrialde; ni siquiera a todas aquellas personas que «tienen» una cartilla -o una tarjeta- en Kutxabank.
Nada de eso. Ya sea en Bruselas o en Bilbo, en Estrasburgo o en Gasteiz, la oligarquía está demostrando día a día que no ha perdido ni un ápice las ganas de morder y que está dispuesta a tragarse todo el pastel.
Y, repito, son pocos, muy pocos. Tan pocos...

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